La tercera aberración. Flor Canosa
1978, Buenos Aires, un hotel, un centro clandestino de detención, una familia disfuncional, huéspedes antiguos y uno nuevo. Flor Canosa junta estos elementos y escribe una novela excepcional.
El hotel, cada 15 años, se “reorganiza”: las escaleras y las habitaciones (las piezas) cambian de lugar. Y en esas transformaciones, algunos habitantes de la casa son tragados, se esfuman, desaparecen. Ni vivos ni muertos. No están.
Más allá de la trama (un diez), la prosa y los climas de estos breves 42 capítulos son fantásticos (en todos los sentidos de la palabra).
Ufffffff. Qué novelón.
5/5🎗
Flor Canosa. La tercera aberración. FCE, 2025
Sinopsis de la editorial:
“Para un arquitecto, esta casa sería una aberración arquitectónica. Un típico petit hôtel de principios del siglo XX que, sin embargo, no cumple con ninguna regla, no se rige por los lugares comunes de la distribución y es tan fácil perderse en su interior como volver al punto de partida sin pensarlo. Pero ningún arquitecto entra a la casa, apenas albañiles o trabajadores por hora. Es cuestión de seguir las indicaciones para llegar a un cuarto, a la cocina, a los baños o al comedor. Hay algunos carteles con instrucciones escritos a mano con una caligrafía prolija.
Eso es todo lo que se necesita para entender el hotel familiar sin nombre. A una casa se la vive, se la camina, se la duerme, no se la explica.”
En esta novela donde lo doméstico se vuelve siniestro, Flor Canosa nos invita a recorrer la geografía de una casa que muta cada quince años y a adentrarnos en la genealogía de una familia atravesada por los silencios y el misterio. Sergio llega desde el interior del país a las puertas de un hotel familiar atendido por Nuria, su marido e hijos. El ingreso inocente de este huésped a la casona será un antes y un después: como toda experiencia vital, este hombre sufrirá una transformación que lo atravesará a él, a la familia y la casa entera. El espacio mutará a tal punto de volverse asfixiante. Queridos lectores: respiren y contengan el aire, no se sale como se entró de La tercera aberración.
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