Me gusta mucho leer biografías y memorias de escritoras y escritores. Libro de mis vidas. Como unas memorias, de Margaret Atwood, me resultó amable, lenta, plácida y potente.
Amable cuando habla de su familia y de los viajes. Lenta cuando se detiene en la descripción de sus casas, la vida en la naturaleza y su pasión por la ornitología. Plácida cuando rememora las amistades construidas a lo largo de su vida. Potente cuando se adentra en el origen y el desarrollo de las novelas que leí, en el nacimiento del mundo editorial canadiense y en sus reflexiones políticas.
Con 86 años, Margaret Atwood sigue siendo una mujer admirable a la que leer.
3,75/5🎗
Margaret Atwood. Libro de mis vidas. Como unas memorias. Salamandra, 2025
Sinopsis de la editorial:
Criada por padres de mentalidad científica y espíritu independiente, Margaret Atwood pasó gran parte de su infancia en los bosques remotos del norte de Quebec, lejos de las convenciones sociales. Aquella niñez nómada y sin ataduras marcó el inicio de un camino fuera de lo común, que ella misma narra con lucidez, ironía e ingenio, entrelazando los momentos decisivos de su vida con las obras que han transformado la narrativa contemporánea, como Ojo de gato y El cuento de la criada. Desfilan poetas, actores, osos, figuras bohemias y personajes casi sobrenaturales, que parecen salidos de sus ficciones. Con su mordacidad característica y aguda lucidez, Atwood revela los delicados lazos entre experiencia y creación, y entre realidad y palabra escrita. Y abre también una ventana íntima a su relación con el carismático escritor Graeme Gibson y a los paisajes emocionales que nutrieron su escritura.
Luminosa, reveladora y profundamente humana, Libro de mis vidas no es sólo la crónica de una trayectoria única, sino también una aguda reflexión sobre lo que significa escribir, recordar y transformar la experiencia en literatura. Un testimonio fascinante de una de las voces más influyentes de nuestro tiempo.
Aprender a ser hija es un trabajo de toda la vida, y cada quien lo transita como puede. Pero tener una madre como La Maravillosa casi lo vuelve imposible.
La literatura nos dio múltiples ejemplos del vínculo entre madres e hijas, pero pocas veces leí una relación tan cruda y descarnada y, al mismo tiempo, tan amorosa como la que cuenta Erika Halvorsen.
Sandra, Rosa, La Maravillosa: fue una madre horrorosa, terrible y temible. Como las malvadas de los cuentos; a tal punto que la autora misma se pregunta cuán verosímil puede ser tal o cual escena de su vida y de la de sus hermanas. Y es tal su talento (y su desesperación) que no quedan dudas: esta novela, autobiografía, memoria y catarsis es un acto de liberación que se aplaude e incluso se disfruta.5/5🎗
Erika Halvorsen. La Maravillosa. Planeta, 2025
Sinopsis de la editorial:
Hermana Sexta crece a los tumbos en una Patagonia ventosa, tan árida como el corazón de Madre. Madre es también La Maravillosa, una mujer hipnótica y cruel con un pasado misterioso que confunde a sus hijos mientras tratan, cada uno a su manera, de no ser fagocitados por ella.
Un padre que se convierte en un ídolo distante, una hermana mayor díscola, un hermano que podría ser hijo de Sandro, otro abandonado… En medio de la debacle familiar, Hermana Sexta se esfuerza por recoger las migas de pan del camino y llevar la voz cantante de esta historia por momentos inverosímil y desorbitada, que navega con total naturalidad entre la tragedia griega y el culebrón.
Con un aire a esos cuentos infantiles –protagonizados por madrastras fascinantes y terribles–, Erika Halvorsen ha escrito una novela adictiva, que hunde sus raíces en el drama emocional de su propio origen. La Maravillosa es el coming of age de una niña que se cría a sí misma para sanar, una autobiografía que es también un relato fantástico con ribetes de terror y un prisma de ese artefacto imperfecto, a menudo deforme, que llamamos familia.
Todo lo que leí de Martín Sivak me despertó cierta envidia: por su manera de escribir, por los recursos que supo reunir para investigar a Clarín, por su sensibilidad, por su modo de leer la época que compartimos. Y ahora también porque llora, y mucho, y lo hace con una honestidad que desarma.
En El salto de papá encontré, más allá del duelo por la pérdida de su padre, un retrato de los años 80 visto desde alguien de mi generación, aunque de otra condición social, pero en un mismo país que todavía intentaba recomponerse tras la dictadura. En La llorería vuelve a aparecer el duelo, esta vez por la madre y por un amor, pero también se suma el hilo persistente de una amistad que atraviesa décadas y geografías.
Sivak escribe con belleza y sin resguardos, se expone en este libro como pocos varones lo hacen. Lo leí en apenas dos días y eso, además de envidia, me da un poco de bronca.
4/5🎗
Martín Sivak. La llorería. Alfaguara, 2025
Sinopsis de la editorial:
Sin previo aviso, sin la sombra de una señal, un hombre es abandonado. Al otro lado de su puerta sale el sol, la gente festeja la Navidad y su hijo aprende a nadar, pero para él solo hay confusión y desgarro, insomnio y llanto. El impulso vital le recuerda que ya ha sobrevivido al desamor, y el hombre comienza a indagar en esa memoria como un objeto gracias al cual flotar tras el naufragio. Esos recuerdos vienen con su contexto extraordinario: un viaje de un año por América Latina, desde Argentina hasta la frontera sur de los Estados Unidos, con un documentalista inglés que parece no tenerle miedo a nada, en busca de conflicto social y diversión.
Y en medio de esa aventura, porque la vida no se priva, la enfermedad y la muerte de la madre. Cada duelo reabre los pasados y en ese proceso el dolor encuentra su modo único de cifrarse. En La llorería hay lágrimas e ilusión romántica, pero también otras formas de la emoción y el amor, como la amistad y la familia. Martín Sivak las cuenta con la intensidad y la belleza que se le conocieron en El salto de papá