El objetivo de
Leila Guerriero al iniciar esta investigación no se cumple. Pocas huellas ha dejado
Truman Capote en la Costa Brava. Un fantasma.
Y sin embargo, Leila.
Leemos sobre periodismo, sobre literatura, refrescamos algo sobre la vida y obra del bueno de Truman y nos deleitamos con una pluma deliciosa pero filosa, una vez más.
4/5🎗
Leila Guerriero. La dificultad del fantasma. Truman Capote en la Costa Brava. Anagrama, 2024
Sinopsis de la editorial:
Justo después de terminar La llamada, uno de los mejores libros de no ficción de los últimos tiempos, Leila Guerriero se dirigió hacia la Costa Brava tras los pasos de Truman Capote, quien escribió allí gran parte de su célebre A sangre fría.
El resultado es La dificultad del fantasma, obra de agudeza, estructura, estilo y ritmo soberbios que mezcla investigación sobre el terreno, reportaje sobre la manipulación de la memoria, diario de escritura y reflexión sobre el ejercicio de un género literario que, justamente con A sangre fría, Capote pretendió fundar. Género que Leila Guerriero ha llevado a un nivel extraordinario de rigor y excelencia.
Tantos años después de la investigación que
Leila Guerriero hizo para este libro, la circularidad de este país hace que tenga plena vigencia. No tanto (no lo sé) en los suicidios sino en los aspectos que circundan la vida de un pueblo alrededor de un producto, el petróleo en este caso. Por eso el subtítulo me parece más apropiado que el título:
Crónica de un pueblo patagónico.
Por lo demás, la narración de Leila, como siempre, me produce dos cosas: placer y envidia. El buen periodismo me produce celos.
4/5 🎗️
Leila Guerriero. Los suicidas del fin del mundo. Crónica de un pueblo patagónico. Tusquets, 2020 (2005)
Sinopsis de la editorial:A fines de los años noventa; una ola de suicidios conmovió a Las Heras; un pequeño pueblo petrolero de la provincia de Santa Cruz. La mayoría de los muertos tenía alrededor de veinticinco años y eran habitantes emblemáticos de la ciudad; hijos de familias modestas pero tradicionales. Sin embargo; la lista oficial de esos suicidios nunca fue confeccionada.
Leila Guerriero viajó a este desolado paraje de la Patagonia; habló con los familiares y amigos de los suicidas; recorrió las mismas calles y visitó cada rincón del pueblo. El resultado es este relato descarnado y preciso que no solo reconstruye los episodios trágicos de esos años sino que también pinta magníficamente la vida cotidiana de una comunidad alejada de las grandes ciudades.
Las Heras; con su magma de desempleo y falta de futuro para los jóvenes; es un enigma cuya resolución dista de ser definitiva: los suicidios; como un destino funesto; se sucedieron durante mucho tiempo. Esta es una crónica inquietante que se lee con fascinación y que devela una realidad marcada por el horror; los prejuicios y la indiferencia.
No pude esperar a marzo para que este libro llegue en papel al país de
Leila Guerriero y Silvia Labayru. Así que acá estoy, después de más de 400 páginas de periodismo y literatura que narran una historia que no puede dejar indiferente a nadie, que te obliga a repensar los prejuicios propios y los colectivos, que me obliga a mí a repensar mis lecturas, algunas que hice hace tanto y otras más recientes.
Silvia Labayru fue secuestrada y mantenida en la ESMA durante un año y medio. Ahí parió a su hija. Ahí (y en otros lugares) fue violada. Ahí fue obligada a acompañar a Astiz al operativo que generó la desaparición de algunas Madres y de las monjas francesas. De ahí fue "liberada" y partió a España. Y ahí, en España, fue repudiada por la mayoría de los exiliados y acá, en Argentina, fue repudiada por familiares de desaparecidos y otros organismos. Y ahora vive acá, retomando un gran amor truncado hace cuatro o cinco décadas por secretos y manipulaciones.
Leila Guerriero hace lo que sabe e hizo muchas veces; lo hace bien, más que bien. Sobresaliente. Me da envidia😁.
5/5 🎗️
Leila Guerriero. La llamada. Un retrato. Anagrama, 2024
Sinopsis de la editorial:
A fines de los sesenta, con trece años, la argentina Silvia Labayru era una adolescente tímida, lectora, amante de los animales, entusiasta de John F. Kennedy, hija de una familia de militares que incluía a su padre, miembro de la Fuerza Aérea y piloto civil. A esa edad ingresó en el Colegio Nacional Buenos Aires, una institución pública de gran prestigio, donde entró en contacto con agrupaciones estudiantiles de izquierda y se transformó en una militante aguerrida. En marzo de 1976 se produjo en la Argentina un golpe de Estado que dio comienzo a una dictadura militar. Para entonces, embarazada de cinco meses y con veinte años, Labayru integraba el sector de Inteligencia de la organización Montoneros, un grupo armado de extracción peronista. El 29 de diciembre de 1976 fue secuestrada por militares y trasladada a la ESMA, la Escuela de Mecánica de la Armada, donde funcionaba un centro de detención clandestino en el cual se torturó y asesinó a miles de personas. Allí tuvo a su hija que, una semana más tarde, fue entregada a los abuelos paternos. En la ESMA, Labayru fue torturada, obligada a realizar trabajo esclavo, violada reiteradamente por un oficial y forzada a representar el papel de hermana de Alfredo Astiz, un miembro de la Armada que se había infiltrado en la organización Madres de Plaza de Mayo, un operativo que terminó con tres Madres y dos monjas francesas desaparecidas. La liberaron en junio de 1978 y en el avión rumbo a Madrid, junto a su hija de un año y medio, pensó: «Se acabó el infierno». Pero el infierno no había terminado. Los argentinos en el exilio la repudiaron, acusándola de traidora a raíz de la desaparición de las Madres. Abominada por quienes habían sido sus compañeros de militancia, arropada por unos pocos amigos fieles exiliados en Europa, hizo una vida. Hasta que en 2018 la contactó desde Buenos Aires un hombre que había sido su pareja en los años setenta y, en una secuencia en la que se funden manipulaciones familiares que torcieron el destino, comenzó a urdirse una historia que continúa hasta hoy.
La periodista Leila Guerriero comenzó a entrevistarla en 2021, mientras se esperaba la sentencia del primer juicio por crímenes de violencia sexual cometidos contra mujeres secuestradas durante la dictadura, en el que Labayru era denunciante. A lo largo de casi dos años, habló con sus amigos, sus exparejas, su pareja actual, sus hijos y sus compañeros de cautiverio y de militancia. El resultado es el retrato de una mujer con una historia compleja en la que se amalgaman el amor, el sexo, la violencia, el humor, los hijos, los padres, la infidelidad, la política, los amigos, las mudanzas, y en la que sobrevuela una llamada telefónica que, realizada desde la ESMA el 14 de marzo de 1977, le salvó la vida.
¡Alabada seas, Leila Guerriero! Hace tiempo que no sentía tanto placer, y curiosidad, al leer periodismo. Al leer crónicas que van desde el laburo del Equipo Argentino de Antropología Forense hasta perfiles de personas tan disímiles como "Palito" Ortega, Alberto Samid, Gustavo Grobocopatel o Fito Páez. Al internarme en sus discusiones sobre la tiranía del "ser saludable" o sobre algunos mandatos y la única forma de decir sí que ella conoce: ¿por qué no? Y meterme en textos que desarman mentiras del periodismo: el periodismo canalla, editores que no creen en el periodismo.
Como no podía ser de otra manera bajo estas crónicas, bajo este buen periodismo, está la literatura. Qué sorpresa, ¿no?
Leila Guerriero. Frutos extraños. Crónicas reunidas (2001-2019). Alfaguara, 2021
Sinopsis de la editorial:
Una mujer capaz de asesinar a tres amigas poniéndoles cianuro en la taza de té, otra que mató a su hija minutos después de parirla, un mago al que le falta una mano, un grupo de rock cuyo integrante más famoso tiene síndrome de Down, un lustrabotas que acabó convirtiéndose en una figura imprescindible de la música en Hispanoamérica. Como asegura la autora, no hay nada «más sexy, feroz, desopilante, ambiguo, tétrico o hermoso que la realidad».
En esta edición revisada y ampliada de Frutos extraños Leila Guerriero nos descubre la cara más sensible, vigorosa y palpitante de una profesión que atraviesa tiempos difíciles, y obra el milagro de hacernos creer de nuevo en el oficio de periodista. Las crónicas recogidas en este libro, escritas entre los años 2001 y 2019, constituyen una lección magistral de periodismo, muestran el mundo desde una perspectiva única, intensa y diferente, y tienen la capacidad de noquear al lector.
Siempre pensé: cuando sea grande quiero cronicar como... algunos pocos nombres. Leila Guerriero es uno de esos nombres.
Este libro no va de crónicas, al menos periodísticas. Se trata de 96 columnas muy breves hacia ella misma y sus circunstancias: sus recuerdos, sus lecturas, sus miradas y reflexiones sobre temas muy personales en algunos casos. En la mayoría, hay citas de poetas que supongo serán del agrado de quienes aman la poesía. No es mi caso. En cambio, cuando refiere a escritores como
Hebe Uhart o
Ricardo Piglia, cercanos a mí, me gustó más.
Imagino (tengo el derecho a imaginar) que para Leila Guerriero estas columnas fueron un ejercicio liberador; sobre la escritura hay mucho en el libro. Bien por ella.
Leila Guerriero. Teoría de la gravedad. Libros del Asteoride, 2020 (2019)
Reseña de la editorial:
En esta selección de columnas, escritas a lo largo de más de cinco años, Leila Guerriero, una de las grandes firmas del periodismo narrativo latinoamericano, se coloca a sí misma en su afilado punto de mira. Con una prosa feroz y precisa, la autora bucea en lo sutil para, desde el asombro con el que es capaz de iluminar la realidad cotidiana, alumbrar lo que permanece oculto en nosotros.
¿De qué tratan estos textos? Entre muchas otras cosas, «del tamaño de la aridez de nuestros corazones. De repollos y reyes y de por qué el mar hierve y de si los cerdos tienen alas. Del horror del amor cuando termina. De todas las cosas que estaban hechas para olvidar que no hemos olvidado nunca; de las que estaban hechas para no olvidar jamás (el dolor, los muertos queridos, aquella tarde en la arena) y que, sin embargo, hemos olvidado para siempre».
Un conjunto de escritos que, además de formar una hermosa constelación de sus recuerdos, lecturas y reflexiones, golpea al lector con la fuerza de la mejor literatura.