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Fernández mata Fernández. Federico Jeanmaire

 
Me divertí muchísimo con esta novela y qué bien que está eso en estos tiempos. Federico Jeanmaire contó que Fernández mata Fernández había sido publicada en 2011 y al calor de la bomba de la fórmula Fernández-Fernández en 2019 le pidieron reeditarla: genios del marketing y de la anticipación.

La historia, un presunto accidente leído en la hoja de diario que sirvió de envoltorio de huevos, desencadena una investigación artesanal en la que muchos Fernández develan su esencia, que en conjunto describen muchos rasgos de la argentinidad.

El estilo elegido por Jeanmaire: impecable.

4/5🎗️

Federico Jeanmaire. Fernández mata Fernández. Tusquets, 2019 (2011)

Sinopsis de la editorial:
“Fernández mata a Fernández” es el título de la noticia que atrapa a un experiodista de policiales. Luego de leerla en la página de un diario sospecha que no se trata de un accidente e inicia una investigación personal que lo lleva hasta el lugar de los hechos. Una anciana que alimenta a las palomas, un portero gay obsesionado con la limpieza de las veredas, un jubilado comunista, el director de un diario manipulador, una jueza corrupta y un periodista retirado corto de entendimiento, todos de apellido Fernández, son los protagonistas que hacen oír sus voces en esta novela, en la que cada uno defiende su punto de vista como si en ello se les fuera la vida o, mejor, como si verdad y conveniencia constituyeran sinónimos. Federico Jeanmaire despliega una serie de personajes que configuran la particular trama social de la ciudad. Un policial entretenido e inteligente, en donde el lector no puede dejar de reír al tiempo que tampoco puede dejar de reflexionar acerca de aquello de lo que se está riendo. Una historia de las que solo suceden en la Argentina, en la que los vicios parecen igualar a particulares y poderosos, revelando que, de algún modo, “todos somos Fernández”.

Más liviano que el aire. Federico Jeanmaire


Muy bella esta novela que tiene unos cuantos años y me debía. 

La voz de Lita es la voz de la soledad en su expresión más franca, más dolorosa: la de más de 90 años en silencio. Por eso encerrar en el baño a un pibe-chorro de 14 años es el modo que esa voz tuvo para salir de su garganta y de sus décadas de encorsetamiento. 

La historia de su madre, la suya propia brotan con sus pausas, con sus dolores, a veces con ímpetu, otras con calma, y una no puede dejar de pensar en cuánta soledad e incomunicación atravesamos a lo largo de la vida. 






Federico Jeanmaire. Más liviano que el aire. Edhasa, 2018 (2009)

Resumen de la editorial:
Un exceso de confianza condenó al ladrón. O quizás, el ímpetu de la adolescencia. Tiene apenas catorce años, y la anciana a la que pretende robar mientras ingresa a su casa, noventa y tres. En principio, nada puede salir mal. Pero sale mal. Cuando el joven se quiere dar cuenta, está encerrado en el baño, con la anciana al otro lado de la puerta. Ahora tendrá que escuchar la historia de una vida que llega a su final, la memoria de una vida solitaria, como todas cuando la muerte acecha. Contra su deseo, será todo oído. Su voz no cuenta. A esa mujer le llegó la hora de hablar y ser escuchada. Empieza la función. Hay para un buen rato. Los lectores, largamente agradecidos.
Para dejar las cosas claras: Más liviano que el aire es una proeza literaria. Con mano maestra Federico Jeanmaire construye un monólogo inolvidable. Desopilante y dramático, de una intensidad deslumbrante. Es una parábola magistral: un fracasado intento de robo le permite a una mujer redimir su vida, la de su madre y su padre, ajustar las cuentas. Podrá poner en palabras, de una vez y para siempre, su punto de vista, sus ideas, sus amores y desamores, lo trivial y lo capital. Eso que pica y pica en la cabeza y nunca nadie quiere escuchar entero. ¿No es el acoso el sueño que todos tenemos? Aquí se cumple. Y lo que es mejor: da forma a una novela genial, que sorprende hasta la última página.



Las madres no les decimos esas cosas a las hijas. Federico Jeanmaire


Imposible leer esta novela sin pensar en la construcción de cada vida en cada generación, en las relaciones parentales, en cómo vamos aprendiendo y tratando de evitar que el zapato gigante nos aplaste. En cómo nos vamos haciendo, aún estando solas/os, en relación a los otros. En que, siempre, prima la incomunicación.

En Las madres no les decimos esas cosas a las hijas nos asomamos a la vejez, la enfermedad y a la cercanía muy palpable de la muerte en una pareja de una generación que podría ser la de mis abuelos y padres. Lo dice María Emilia: cuando se elegía (o se imponía) un/a compañero/a para toda la vida, antes de que la inmediatez en las relaciones trastocaran también los términos de la soledad, la ancianidad y el afrontar la muerte. 

Uffff. Novela muy conmovedora, además de ser personalísima en su estilo. Primera de Jeanmaire que leo y ya sé que tengo muchas deudas con él.
 





Federico Jeanmaire. Las madres no les decimos esas cosas a las hijas. Seix Barral, 2012

Resumen de la editorial:
Soliloquio de una mujer en apuros, Las madres no les decimos esas cosas a las hijas representa un nuevo umbral en la obra de Federico Jeanmaire. Aunque otra vez recurre a los materiales y metáforas de la vida cotidiana –en este caso, una familia afectada por el paso del tiempo y la cercanía de la muerte– para enrarecerlos y convertirlos en vehículos de un lirismo coloquial, el autor explora ahora los vínculos entre ética y ficción. Esta novela, que podría leerse como la segunda entrega de un díptico junto a Más liviano que el aire (Premio Clarín de Novela 2009), profundiza el ejercicio de experimentación del escritor argentino con el lenguaje rioplatense.
Un matrimonio de jubilados en no muy buenas condiciones de salud se comunica con su única hija, exiliada en España luego de 2001, por medio de DVD grabados en casa. En ellos, María Emilia, la madre, lleva la voz cantante para recuperar el afecto de Carolina mediante una serie, en apariencia caótica, de recuerdos, sueños y detalles del presente en Buenos Aires. Juan Ignacio, el padre, padece un cáncer y María Emilia está postrada, casi paralítica: los dos han diseñado un plan para el porvenir, una estrategia para dejar de sobrevivir por sobrevivir.
Premio Emecé 2008 por Vida interior, Jeanmaire retoma el imaginario de personajes opacos a los que otorga una voz fascinante, aun velada por el humor, los prejuicios y la trivialidad, con la que apela a los lectores. Jorgelina Núñez ha escrito: “Quizá la singularidad de la obra de Federico Jeanmaire nazca del cruce entre deliberación y sorpresa, entre un objetivo para el que se trabaja con ahínco y el desconocimiento de los medios para alcanzarlo. Y del empecinamiento por desentrañar esa materia difusa y aterradora a la que nos someten las grandes crisis y que son la condición de posibilidad de lo realmente nuevo”.