Necesitaba leer un buen thriller en estos días y acá está, la primera novela de Vilma Ibarra.
Ambientada en 1996, una joven periodista (ah, cuando se hacía periodismo) y el asesor de un diputado investigan una serie de asesinatos en apariencia inconexos que pronto revelan un hilo conductor inquietante: los resabios de la dictadura que siguen latiendo, subterráneos, en plena democracia.
Ibarra reconstruye con solvencia el clima de época y, como en una mamushka que se abre para mostrar otra y otra más, va desplazándose hacia otros tiempos para narrar cómo la historia del país y las biografías privadas se fueron encastrando hasta desembocar en ese presente. La metáfora no es un recurso decorativo: es la estructura misma de la novela.
Violencia, culpas, zonas grises, humanidad y opresión atraviesan una trama ágil, sostenida con pulso narrativo y conciencia política. Un thriller que entretiene, pero que también obliga a mirar hacia atrás para entender de qué estamos hechos.
4/5🎗
Vilma Ibarra. La última mamushka. Planeta, 2025
Sinopsis de la editorial:
En 1996, mientras impulsa la derogación de la ley de amnistía, la carrera ascendente del diputado Luis Vargas Benegas tambalea por una sucesión de crímenes que la justicia investiga como simples hechos policiales. La inquieta periodista Paula Casares entrevé una posible conexión política, pero el escéptico Ernesto “Tano” Santángelo, operador de Vargas Benegas, solo quiere evitar que el escándalo afecte a su jefe.
Lo que comienza como una conjetura periodística pronto se convier-te en una investigación contrarreloj. Impulsados por intereses diferentes, Paula y el Tano emprenden una intrépida búsqueda que los llevará a desenterrar fantasmas de la dictadura, amores clandestinos y viejos pactos de silencio familiares. Como en un juego de muñecas rusas, cada revelación encierra otro misterio aún más oscuro. Con la verdad al alcance de la mano, ellos comprenden que también se encuentran en la mira. ¿Lograrán exponer la trama oculta detrás de los crímenes, o pasarán a ser las próximas víctimas?
En su primera novela, Vilma Ibarra construye un mecanismo preciso que demuestra un gran dominio de los recursos del mejor thriller policial. La última mamushka ofrece un elenco de personajes complejos y magnéticos, cuyas historias se entrecruzan en el tiempo y van tejiendo un entramado que mantiene la tensión hasta la última página.
No sé cómo recuperarme de las tremendas lecturas de las últimas semanas. Esta, en particular, me dejó sin aire. Tal vez porque la leí en días feos, de entrega, de derrota, de desolación.
Raíz que no desaparece pone en el centro una herida abierta: las desapariciones en México. La protagonista entrelaza lo que los árboles dicen, lo que sus raíces revelan sobre lo que hay en la tierra, con la búsqueda de cientos de miles de hombres y mujeres desaparecidos. La naturaleza como archivo, como testigo, como cuerpo que guarda lo que los humanos intentan ocultar.
Es una novela desgarradora. Y yo, además, la leí en mi propio presente: en la corrupción que reformatea un país, en lo enloquecedor de la brutalidad, en la rabia, en la frivolidad, en la indiferencia, en el pesimismo, en la violencia. En la memoria.
Porque si algo sostiene esta novela es eso: que hay raíces que no desaparecen. Que debajo de todo, de la tierra removida, de la mentira, del silencio, algo sigue latiendo y reclama ser nombrado.
5/5🎗
Alma Delia Murillo. Raíz que no desaparece. Alfaguara, 2025
Sinopsis de la editorial:
Cuando Marcos era pequeño le dejaba cartas a su madre antes de ir a la escuela. Ahora se aparece en sus sueños, porque le quiere contar a qué lugar lo llevaron cuando lo desaparecieron. Ada está en una carrera contra el tiempo, porque teme morir antes de encontrarlo, pero de una cosa está segura: tiene que buscarlo en un árbol.
En el corazón de la ciudad, cortaron la palmera y en su lugar sembraron un ahuehuete que ha muerto por razones extrañas. Y la escritora quiere escribir sobre eso, denunciarlo. Así es como se cruza en el camino de Ada y de otras madres buscadoras que también sueñan dónde están sus hijos. Y aunque la fiscalía quiere enterrar los expedientes de los sueños, esas coordenadas indican a dónde fueron los desaparecidos con una precisión inexplicable. Los árboles lo ven todo. Testigos de la muerte que se acumula en sus raíces a manera de fosas clandestinas, y que se manifiesta en sus troncos y hojas, se convertirán en traductores de la búsqueda, en interlocutores entre la memoria, la ausencia y la esperanza. ¿Y si lo que ha sido silenciado estuviera hablando a través de los árboles?
Alma Delia Murillo narra la tragedia colectiva de nuestros desaparecidos y lo hace con indignación y dolor, pero también con amor, lucidez y un humor vital que empuja a seguir leyendo.
Me desconcertó mucho esta novela. Para bien. Creí que iba hacia un lado y no solo fue hacia otro, sino hacia cualquier lugar totalmente imprevisto.
Luciano Lamberti confirma algo que ya intuíamos: es casi un ingeniero de la palabra. La construcción de los personajes es precisa, minuciosa, implacable. Nada está librado al azar.
Una nieta. Una madre y abuela que busca. Un pueblo. El poder. Y un Cazador que tiene su momento de gloria durante los años del genocidio, que se alimenta de los sacrificios que hacen “los que pueden” con niñas, ancianas, obreros… No puedo decir más.
Esta es, sí, una novela sobre la dictadura. Y también es una novela de terror. Como casi todas las novelas sobre la dictadura, de un modo u otro. Porque hay horrores que no necesitan inventarse: solo cambiar de máscara.
5/5🎗
Luciano Lamberti. Para hechizar a un Cazador. Alfaguara, 2025
Sinopsis de la editorial:
Julia escucha en un bar a una vieja que la abordó en la calle y dice ser su abuela. Siempre tuvo dudas sobre su propio origen y Griselda ahora le revela su verdadera historia. Muy pronto entenderá que detrás de esa apacible anciana hay más de lo que dice. Los lectores, con ella, empezarán una inmersión sin pausa en un territorio de horror multiforme que, en la repetición de la tortura y la muerte, replica los gestos sangrientos de la dictadura militar. Una trama labrada con excelencia que repasa los años 60 y 70 con los recursos del terror y del gore y que deslumbra con su maestría y agudeza.
Es 1979 y el detective Julio Argentino Etchenike es contratado nada más ni nada menos que por los historietistas Hugo Pratt y Jean Giraud para encontrar a Opi, otro dibujante desaparecido de un hospital. Ahí arranca una novela de aventuras que tiene (¡gracias!) todos los tópicos de la novela negra.
Acá la diferencia, obvio, la pone Juan Sasturain, que entre la época y los personajes se las arregla para poner sobre la mesa no sólo la oscuridad de la dictadura, sino también las complicidades, las miradas hacia otro lado de buena parte de aquella sociedad, la corrupción policial y los “servicios” haciendo de las suyas, ayer, hoy y siempre.
Y además de todo esto, es muy conmovedor (y muy verosímil) el homenaje a H. G. Oesterheld.
Larga vida a Sasturain.
5/5🎗
Juan Sasturain. Tinta china. Alfaguara, 2025
Sinopsis de la editorial:
Hugo Pratt y Jean Giraud, Moebius, dos encantadores dibujantes, aterrizan en Buenos Aires en el año 1979. Llegan, junto con su amigo Opi, para participar de una bienal de historieta. Cuando Opi desaparece del hospital donde estaba internado, recurren a la agencia de Julio Etchenike, quien a pesar de algunas dudas iniciales decide tomar el caso.
Este es apenas el principio de la nueva aventura de nuestro investigador privado, que irá adentrándose cada vez más en una colosal estafa que implica a policías, militares, servicios, dibujantes, editores, esposas, madres, hijos, amigos y amantes en un momento de la historia argentina donde es difícil definir con precisión quién es quién y cuáles son los objetivos de cada uno. Con Tinta china vuelve Etchenike, acompañado por sus inseparables Tony «el Gallego» García y el Negro Sayago, en una historia de traiciones e intereses cruzados en la que nada es lo que parece y donde solamente un escritor del talento de Juan Sasturain puede hacer posible que lo que empieza siendo una novela policial se convierta en el relato vivaz y entrañable de toda una nacionalidad: la argentina.