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Asesinato en el Parque Sinaloa. Élmer Mendoza


La narcoliteratura  me gusta mucho, y Élmer Mendoza, con su estilo narrativo tan peculiar, se está convirtiendo en uno de mis autores preferidos del género.

El paisaje mexicano, su violencia y corrupción, el habla de ese país, el desencanto, los amores y desamores, están narrados con "pelotas". Mendoza, haciéndose cargo del lugar que ocupa en la literatura dijo alguna vez: “Me gusta la palabra narcoliteratura porque, los que estamos comprometidos con este registro estético de novela social, tenemos las pelotas para escribir sobre ello. Crecimos allí y sabemos de qué hablamos”.

Había leído la primera novela protagonizada por el Zurdo Mendieta y ahora esta última, así que tengo tres por leer. Será un placer.




Élmer Mendoza. Asesinato en el Parque Sinaloa. Random House, 2018 (2017)

Resumen de la editorial:
Una nueva entrega de la saga del Zurdo Mendieta y un relato trepidante en el que la violencia, el narcotráfico, la corrupción y el amor se entretejen en un retrato perfecto del presente de nuestro país.
Edgar «el Zurdo» Mendienta ha decidido retirarse de las fuerzas policiales.
Desencantado y hastiado por la violencia, parece sucumbir ante el consumo autodestructivo de whisky, cuando Abel Sánchez, viejo amigo y mentor, hace que vuelva como detective por un favor al que El Zurdo no puede negarse: hallar al asesino de su hijo, el abogado Pedro Sánchez Morán, quien fue encontrado muerto en el Parque Sinaloa.
La policía de Los Mochis cerró el caso sin investigación alguna, pues dan por hecho que Pedro fue asesinado por su novia, la también abogada Larissa Carlón, cuya muerte reciente fue asumida como suicidio. Elementos de la Marina patrullan Los Mochis; el Perro Laveaga, cabecilla del cártel delPacífico, se ha fugado de la prisión de máxima seguridad de Barranca Plana y todo parece indicar que está escondido en alguna parte de la ciudad.
El poderoso narcotraficante está actuando con imprudente descuido; confía demasiado en el Grano Biz, su lugarteniente en la zona, y, además, su obsesión por una mujer lo tiene trastornado. El deseo más grande del Perro es reencontrarse con Daniela K, locutora de gran audiencia, quien ha prometido hacer una radionovela sobre la vida del capo.
Asesinato en el Parque Sinaloa es un laberinto de intrigas y complicidades, de senderos que convergen en la pasión y el crimen. Élmer Mendoza nos entrega una obra maestra del género, una novela vertiginosa que nos recuerda que la pregunta fundamental de la literatura policiaca es la misma del amor: ¿quién diablos es el culpable?


Balas de plata. Élmer Mendoza


Ahhhh... muy bien este pinche mexicano. Muchas cosas que me gustaron de este primer libro protagonizado por Edgar "El Zurdo" Mendieta. Se psicoanaliza el hombre y está enamorado; muchísimo y de un modo tortuoso, que no es lo que se suele leer en este tipo de novelas.

La forma de escritura, que es también poco habitual y requiere de la máxima atención de una lectora. Y a mí me encantan los modismos mexicanos. Me gustaría mucho (lo sostengo desde Bolaño) incorporar a mi lenguaje "dizque", o "carnal" o "pinche" o "pendejo" con una acepción diferente a la que le damos por acá. Luijito de libro.







Reseña de la editorial
Hundido por el abandono de la mujer a la que ha amado, y necesitado de psicoanalista, al agente Edgar «el Zurdo» Mendieta se le acumula el trabajo en cuanto se hace cargo del asesinato de Bruno Canizales, un prestigioso abogado con doble vida, hijo del ex ministro de Agricultura, al que encuentran con la cabeza perforada por una bala de plata. El teléfono del Zurdo no deja de sonar con las llamadas de su superior, que va anunciándole la aparición de nuevos cadáveres en tan sólo un par de días. ¿Quién hay detrás de todo ello? ¿Los narcos?, ¿los políticos alborotados ante las elecciones que se acercan?, ¿los miembros de la dudosa Pequeña Fraternidad Universal a la que pertenecía Canizales? La investigación, que no sin humor y adrenalina recorre antros y mansiones, y mezcla reporteros y bellísimas lesbianas, destapa un intrincado ovillo de perversos intereses, en el que el único realmente empeñado en ir hasta el fondo y, para variar, hacer justicia, es «el Zurdo» Mendieta. Tal vez porque ya no le queda nada que perder.