Ah, pero qué belleza de libro. Ya de por sí la vida de Mary Shelley es fascinante pero las decisiones de
Esther Cross de cómo contarla lo hacen espectacular.
La época, y particularmente el círculo íntimo y no tanto de la escritora, todo es retratado de tal forma que una se transporta al Londres del robo de cadáveres para proveer a médicos ansiosos de entender qué pasaba con el cuerpo humano. Porque es un libro, como dijo Mariana Enriquez, también sobre el cuerpo: esos despojos mudos a los que quieren hacer hablar.
Un libro además sobre los miedos de un tiempo que quedó lejos y sin embargo.
4,5/5🎗️
Esther Cross. La mujer que escribió Frankenstein. Minúscula, 2022 (2013)
Sinopsis de la editorial:
Esther Cross sigue los pasos de Mary Shelley con la ayuda de distintos, sorprendentes materiales. La acompaña al cementerio donde la escritora, de pequeña, se instalaba a leer; estudia sus cartas, su diario, la observa en sus duelos. Y profundiza en el mundo que se gestaba a su alrededor: la Londres moderna, la ciencia del futuro, mediante la experimentación con cadáveres. En palabras de Mariana Enriquez, La mujer que escribió Frankenstein es «un libro hermoso y extravagante, sumamente original. […] Un libro sobre Mary Shelley, sobre su época y su obra, sobre los personajes de la medicina clandestina y la Londres negra, sobre algunos escritores románticos y algunos cirujanos famosos ―todos en un desfile compacto y absorbente, como un gabinete de curiosidades literario―, pero, sobre todo, es un libro sobre el cuerpo. En sus páginas, con un estilo sobrio y filoso, se corta carne como en una mesa de disección, carne viva y carne muerta.» Publicado por primera vez en Argentina en 2013, este libro fronterizo consigue esclarecer la relación de la escritora inglesa con su época al mostrar, de forma magistral, cómo una alumbra a la otra y viceversa.

Hermosa aventura meterme en este libro para descomprimir un poco estos días a base de aparecidos, lectura de manos, grafología, telepatía, magia y por supuesto literatura. Literatura de una época convulsionada en el mundo y de mucha experimentación: desde fines del siglo XIX hasta la primera guerra mundial.
He paseado por las mentes de escritores conocidos y reconocidos y me asomé a escritoras que no había sentido nombrar y que fueron todo un descubrimiento. Y todo de la mano de dos grosas como
Esther Cross y
Betina González que hacen tan amable y tan alucinante esta aventura.
4,5/5🎗️
Esther Cross & Betina González. La aventura sobrenatural. Historias reales de apariciones, literatura y ocultismo. Seix Barral, 2023
Entre 1880 y la Primera Guerra Mundial se dio quizás por última vez en la historia la confluencia de ciencia, espiritismo, ocultismo y magia. Especialmente en Inglaterra, pero también en Europa, científicos, artistas y escritores se dedicaron a experimentar y estudiar estos fenómenos. También el gran público.
La aventura sobrenatural cuenta esa historia a través de las biografías (breves y lúdicas) de sus protagonistas: Vernon Lee, Oscar Wilde, William B. Yeats, Aleister Crowley, Althea Gyles, Rachilde, Lizzie Siddal, Alice James, R. L Stevenson, Sigmund Freud y otros. Cada uno de ellos tuvo episodios reales con el Más Allá que no aparecen en primer plano en sus biografías canónicas: Wilde se hacía leer las manos, Yeats y Crowley fueron ocultistas serios con posiciones muy distintas frente a la magia, Freud tuvo un duelo con un grafólogo, y Vernon Lee y Rachilde fueron escritoras brillantes de lo sobrenatural. Estas vidas se entretejen con titulares de diarios y manías victorianas, y van contando un relato mayor: el espíritu de ese tiempo, una forma de pensar la vida y la muerte.
En medio de las investigaciones y prácticas, surgen algunos fenómenos especiales: experimentos para volverse invisible, telepatía, escritura automática, transmisión de pensamiento entre pájaros, dobles literarios y astrales, criminales con súper poderes, casas embrujadas. Con ojos feroces y sutiles para captar y transmitir estas historias, Esther Cross y Betina González recuperan la última gran aventura de pensar la vida en otros planos, no solo como algo posible, sino también como algo íntimo y trascendental, y, por eso, secreto.