Me sorprendió desde las primeras páginas cómo
Sara Mesa me transmitió inseguridades, debilidades y sumisiones de la protagonista de
Un amor.
Nat, en su paso por La Escapa, un pueblito rural, traba distintos tipos de relaciones con sus habitantes. Trata de encajar: no puede. Es observada y juzgada con varias intensidades: el que brinda una protección no pedida y le "enseña" (mansplaining a full); el que desprecia y desea sin tapujos; el que intenta moldear en silencio, y más.
Nat tarda su tiempo en darse cuenta de que no encaja, porque no comprende desde el principio que el lenguaje no es universal y que no siempre comunica: no habla el mismo idioma que sus vecinos.
Muy recomendable lectura.
Sara Mesa. Un amor. Anagrama, 2020
Resumen de la editorial:
La historia de Un amor ocurre en La Escapa, un pequeño núcleo rural donde Nat, una joven e inexperta traductora, acaba de mudarse. Su casero, que le regala un perro como gesto de bienvenida, no tardará en mostrar su verdadera cara, y los conflictos en torno a la casa alquilada –una construcción pobre, llena de grietas y goteras– se convertirán en una verdadera obsesión para ella. El resto de los habitantes de la zona –la chica de la tienda, Píter el hippie, la vieja y demente Roberta, Andreas el alemán, la familia de ciudad que pasa allí los fines de semana– acogerán a Nat con aparente normalidad, mientras de fondo laten la incomprensión y la extrañeza mutuas.
La Escapa, con el monte de El Glauco siempre presente, terminará adquiriendo una personalidad propia, oprimente y confusa, que enfrentará a Nat no solo con sus vecinos, sino también consigo misma y sus propios fracasos. Llena de silencios y equívocos, de prejuicios y sobrentendidos, de tabús y transgresiones, Un amor aborda, de manera implícita pero constante, el asunto del lenguaje no como forma de comunicación sino de exclusión y diferencia.
Sara Mesa vuelve a confrontar al lector con los límites de su propia moral en una obra ambiciosa, arriesgada y sólida en la que, como si de una tragedia griega se tratara, las pulsiones más insospechadas de sus protagonistas van emergiendo poco a poco mientras, de forma paralela, la comunidad construye su chivo expiatorio.
Hay un grupo de escritoras españolas, nacidas entre fines de los años 60 y los 70, que están escribiendo (o escribieron hace un tiempo y yo leo ahora) unas novelas que: 1. me encantan. 2. me sobresaltan. 3. me aceleran la respiración. 4. me conmueven. 5. me sacuden. Y así.
Marta Sanz, aunque no sólo ella, fue una de mis preferidas en último año. Vuelvo ahora a Sara Mesa, con un libro que fue finalista del Premio Herralde de Novela y con mucho mérito.
Se trata de una historia breve pero intensa, dividida en tres partes con un tono narrativo muy diferente. En la primera, hay una sucesión de voces de niñxs y adolescentes de un colegio donde conviven (en paz aparentemente y muy malamente en realidad) hijas e hijos de "poderosos" y del personal de limpieza y mantenimiento. La segunda parte es el diario de un profesor recién llegado a colich, donde vamos conociendo con la mirada de un impostor la verdadera cara de todos los impostores que habitan allí. En la tercera parte, la más escueta, se da sentido y cierre a un relato donde priman la soledad, el agobio y la simulación.
Sara Mesa. Cuatro por cuatro. Anagrama, 2016 (2012)
Resumen de la editorial:
Cuatro por cuatro arranca con la historia de un grupo de
chicas, lideradas por Celia, que se han fugado de un colegio pero que son
atrapadas y devueltas a la institución. El colegio del que huían, el Wybrany
College, es un internado completamente incomunicado del exterior y destinado a
los hijos de familias acomodadas, los únicos que pueden aspirar a salvarse de
un mundo en descomposición en el que la vida en la ciudad se ha hecho
imposible. Pero el Wybrany College también acoge a los llamados «especiales»,
chicos becados cuyos padres trabajan al servicio del proyecto. Las relaciones
entre ambos grupos y entre ellos, los profesores y los miembros de la Dirección
—el Sr. J., la Culo o el Guía— internarán al lector en un microcosmos dominado
por la manipulación y el aislamiento. Con una narrativa fragmentaria, indirecta
y muy depurada, la primera parte de la novela es una suerte de enigma cuyo
sentido se completará más adelante. En la segunda parte de la obra la
perspectiva cambia con la irrupción de Isidro Bedragare, un profesor sustituto
que va recogiendo en un diario su particular visión de los hechos que ocurren
en el extraño internado, y que a su vez también esconde un secreto.
Narrada con un peculiar estilo que juega con la insinuación
y las zonas de sombra, el lector irá descubriendo en la novela un universo
literario autosuficiente, inquietante y enigmático, definido por unas normas
propias que apelan a las relaciones de poder entre los distintos personajes y
una violencia sórdida, latente, siempre a punto de estallar.
Trae muy buenas críticas esta novela, y lo vale. Es atrapante desde la primera página hasta la última, y trae una trama de idas y vueltas cronológica que me resultó muy atractiva.
Y las obsesiones del uno y el tedio de la otra que envuelven a los protagonistas, pero más a ella, en una relación enfermiza que una piensa por momentos quién es el/la más enfermo/a.
Me quedo especialmente con la necesidad de ella por ser no solo querida, sino por ser vista, por ser alguien a los ojos de un otro, sin importar quién es ese otro, qué quiere a cambio y a qué costo va a ser vista.
Sara Mesa. Cicatriz. Anagrama, 2015
Resumen de la editorial
Sonia conoce a Knut en un foro literario de internet y, a
pesar de los setecientos kilómetros que los separan, establece con él una
particular relación marcada por la obsesión y la extrañeza. Entre la atracción
y la repulsión, no puede evitar sentirse fascinada por este personaje insólito
y perfeccionista, que vive fuera de toda norma social y que la corteja a través
de suntuosos regalos robados. «Le gustaba ir siempre bien vestido, incluso para
ir a robar una simple lata de conservas. Tan joven y hablando de escritores del
XIX. Filosofando. Cuestionándolo todo. Teorizando sobre el individuo y el
grupo, y la hipocresía social, y los chivos expiatorios, y Dios y el destino,
la virginidad y el sexo. Solía decir que no hay placer comparable a pensar. Y
no, no era petulante ni vanidoso. Era simplemente... exhaustivo.» Su necesidad
de poner distancia cuando Knut se vuelve demasiado absorbente, pero también su
irrefrenable curiosidad y el ansia de vivir experiencias más allá de una
existencia excesivamente reglada, llevarán a Sonia a una doble vida secreta en
la que quedará atrapada durante años sin posibilidad de exculparse.
En esta inusitada historia, Sara Mesa recupera
temas que ya aparecieron en sus primeras obras narrativas, dándoles forma a
través de un estilo conciso y eléctrico en un mundo –frío, escasamente
comunicativo– cuyas reglas establecen únicamente los propios personajes que lo
habitan. Cicatriz no es sólo una inquietante historia de amor
descompensado protagonizada por dos seres muy distintos pero a la vez
complementarios, es también una reflexión sobre la sociedad de consumo y los
robos a gran escala en grandes almacenes, la sumisión y el poder, la anulación
del deseo y la carnalidad, el refugio de la infancia, la fantasía como
alternativa, la culpa y la expiación, la escritura y la vocación literaria. La
autora de la celebrada Cuatro por cuatro (que fue finalista del
Premio Herralde de Novela), en vías de publicación al francés, se confirma con Cicatriz como
una de las voces más singulares e imprescindibles de su generación.