
La literatura de
Ariana Harwicz siempre me resulta fascinante: es profundamente violenta y cada palabra funciona como un cuchillo. Pareciera que escupiera, que rasgara la hoja, que se desbocara.
De esa manera narra la historia de una huida y de una venganza enloquecida. Porque a la mujer que protagoniza esta novela le prohibieron ver a sus hijos. Escribieron cartas en su contra que la justicia consideró ciertas. La maltraron y la destrataron. La enloquecieron.
Y esta novela se cuenta con ese lenguaje desbocado y una pregunta no deja de taladrarte el cerebro: ¿por qué perdería yo el juicio?
5/5🎗️
Ariana Harwicz. Perder el juicio. Anagrama, 2024
Sinopsis de la editorial:
Los seres humanos piensan que saben de qué son capaces. Creen que no podrían escapar de los policías, que nunca le harían mal a un niño. Yo no podría matar a mis padres; hagan lo que hagan, me dieron la vida. O yo no llegaría jamás hasta la violación. No sería capaz de acelerar al volante en un puente con mis hijos en el auto y caer al vacío. Pero todo eso lo decimos antes; no somos capaces, es cierto, nos resulta impensable el crimen, hasta que pasamos al acto.
Perder el juicio cuenta la historia de un robo, de una apropiación, de un incendio provocado. Esta obra es el viaje de un secuestro donde la vida es vista como el armado de una evasión. Como dice Harwicz, se escribe una novela cuando se está en desacuerdo con el sentido de las palabras, cuando dejar de mentir es imposible.
Uffff. Feroz. Brutal. Violenta. Desbocada. Revulsiva. Desencajada. Desequilibrada. Así es la literatura de Ariana Harwicz.
En La débil mental encontramos descripciones del vínculo madre-hija donde lo real y lo imaginario apenas se distingue.
No es un libro fácil. Requiere atención, disposición para adentrarse en él. Y bancarse su ferocidad, brutalidad, violencia. Etcétera.
Harwicz hace rato dejó de ser promesa. Ya es para mí una de las grandes voces de la
literatura argentina.
Ariana Harwicz. La débil mental. Mardulce, 2021 (2014)
Sinopsis de la editorial:
La literatura de Ariana Harwicz es profundamente perturbadora, una experiencia de lectura de una intensidad fuera de lo habitual. En La débil mental, Harwicz nos arrastra a las enrañas más radicales de los vínculos familiares, a una relación casi animal entre madre e hija. Escrita como un flujo de consciencia que recuerda la mejor tradición de la literatura moderna -Virgina Woolf, Nathalie Sarraute- cruzada con una violencia desatada poco presente en la narrativa argentina, es el relato de una pulsión sexual inagotable, de la desolación de una infancia sin respuesta, de la biografía de un cuerpo donde todo está sepultado.
Narrada a través de tremendas escenas breves (madre e hija en clubes, con hombres, con whisky; pero también jugando juntas, divirtiéndose) la novela nunca se vuelve sórdida, sino al contrario: roza la poesía, y formula una poderosa interrogación sobre la condición humana, sobre el deseo, sobre los imposibles mandatos familiares.
Que conste: no es fácil leer a Ariana Harwicz, y esta es la novela más difícil de todas. No sólo porque su estilo es desbocado y roza lo violento, sino porque además la temática es totalmente revulsiva. Se mete Harwicz en la cabeza de un pedófilo y el resultado es una nouvelle impactante, que por momentos asquea. Es de una crudeza realmente lograda el "monólogo" que ocupa las páginas 73 a 77. Sólo eso vale el libro.
Confirma, la joven Ariana, que es una voz de la literatura argentina para tener en cuenta.
Ariana Harwicz. Degenerado. Anagrama, 2019
Resumen de la editorial:
Degenerado es la historia de un proceso judicial. Empieza una noche gélida cuando un hombre se dispone a hacerse un té y leer después de una larga jornada. Pronto lo distraen las luces de gendarmería: fuera de su casa los vecinos se agolpan, y, a medida que corre el rumor de que el hombre es un pedófilo, se arma una batalla campal. A los animales del corral, por su parte, no les interesa saber si el vecino es o no es un pedófilo: quieren comer, abrir la boca y que el dueño les eche algo. Mientras, algunos vecinos ya piden la cabeza del hombre: como en las plazas públicas, sacan fotos al condenado, y los chicos son alzados sobre los hombros. La madre del acusado está ausente, está presente, es testigo: ese es siempre el drama del amor materno. El acusado acepta pelear hasta el final contra todo y contra todos, porque ¿quién está seguro de haber cometido un error? ¿Quién se puede autoinculpar? En la noche estrellada, ¿dónde empieza el criminal y dónde el hombre honesto?
Degenerado podría ser el cuento de un borracho o de un hombre que recuerda la guerra, pero sucede en tiempos de paz, en plena democracia capitalista. Degenerado, es, pues, un laberíntico y sórdido monólogo pronunciado con un hilo de voz: el hilo de voz entrecortada de un hombre que, enfrentado a una sociedad que le pide que sea alguien, que exista, le devuelve lo peor de que es capaz.
Segunda novela (o nouvelle) que leo de Ariana Harwicz, en una editorial que me resulta siempre muy grata. Tiene Harwicz una voz brutal y, de a momentos, macabra. Suena enloquecida, desbocada, repelente.
Diferentes, junto a Samanta Schweblin, tenemos dos potencias narrativas en el país.
Ariana Harwicz. Precoz. Mardulce, 2017 (2015)
Resumen de la editorial:
Uno, dos, tres. Solo tres novelas le bastaron a Ariana Harwicz para convertirse en una de las escritoras más destacadas y renovadoras de la literatura argentina actual. Harwicz tiene un mundo propio que se reconoce desde las primeras líneas, es de esas autoras que nos atrapan desde el comienzo y que nos conducen sin respiro hasta el final del libro.
Precoz es una novela de gramática brutal. Si en La débil mental, su novela anterior, había una proyección de la madre hacia la hija para que hiciera lo que la madre deseaba, aquí el asunto es la relación con un hijo precoz convertido en objeto. Madre e hijo viven aislados en una casa con madera acumulada en la puerta, ranchos sin terminar, cerca dos por vías de tren. ¿Puede una madre ser saciada por su hijo? ¿Puede un hijo querer a toda costa saciar a su madre?
Todo gira hacia lo erótico, ambientado en el mundo de los "nuevos pobres" europeos. Los personajes de Precoz duermen tirados en los bosques o frente a supermercados. Allí están madre e hijo, como dos indocumentados más re volviendo la basura, cazando, siendo perseguidos por la policía, mientras el hijo muta veloz a hombre. Precoz es también una novela de terror. Pero es un terror nacido del deseo. Nada más inquietante.
En esta breve novela, la narradora y protagonista no habla: escupe, araña.
Es una novela con una violencia vital poderosa, donde se muestra una mirada sobre el matrimonio y la maternidad desde una mente "alterada" para los cánones donde ambos estados deben proporcionar calma y estabilidad.
Intenso texto, para leer con la cabeza fría, pero las emociones a flor de piel, así se podrá disfrutar de una prosa impecable, dura y, nuevamente, poderosa.
Ariana Harwicz. Matate, amor. Mardulce, 2017 (2012)
Resumen de la editorial:
A esta altura, ya es evidente que Ariana Harwicz es una de
las apariciones más radicales de la narrativa argentina reciente. La suya es
una prosa hecha de violencia, de erotismo, de ironía y de una crítica frontal a
los lugares comunes en torno a la familia, a los lazos, a las relaciones
convencionales.
Matate, amor puede leerse como la demolición de la idea
costumbrista de familia tipo. Aquí, el amor conyugal es visto como acoso. El
amor del hijo es visto como acoso. Y los propios personajes son llevados al
extremo de la impostura. La protagonista es una mujer que piensa en ella misma
sin piedad: “Leé, idiota, me digo, leéte una frase de corrido” se dice. “Y
ahora soy una campechana que cuelga las medias de mi hombre y mi bebé, los
calzoncillos y las camisas”. Brutal, salvaje, es casi imposible salir indemnes
luego de haber leído a Ariana Harwicz. Matate, amor, con su tono de in
crescendo teatral o cinematográfico, nos coloca otra vez frente a esa
experiencia de lectura extrema.