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Literatura infantil. Alejandro Zambra


Libro inclasificable, medio novela, medio relatos, medio ensayos donde la paternidad domina la escena pero, y para mí más importante, el ser hijo se va agigantando con el correr de las páginas. 

Y eso es universal. Todas, todos somos hijas e hijos toda la vida, del mejor o del peor padre/madre. Podría decir que esa es la parte que más me gustó, ya que no tengo pibis, sin embargo imaginar la figura de mi viejo, un hombre de otra época, en esa felicidad y esos miedos me gustó mucho.

Y el amor por los libros y la literatura, claro, siempre. 








Alejandro Zambra. Literatura infantil. Anagrama, 2023

Sinopsis de la editorial:
Aunque este singular e inclasificable libro de Alejandro Zambra se llama Literatura infantil, conviene advertir que incluye un magnífico cuento que gira en torno al lenguaje grosero y un relato directamente lisérgico en que un hombre intenta, en pleno viaje terapéutico de hongos, volver a aprender el dificilísimo arte de gatear. En caso de que algún niño llegara accidentalmente a estas páginas, debería leerlas en compañía de un adulto, a pesar de que aquí son precisamente los niños quienes, a su manera, protegen a los adultos del desánimo, el egocentrismo y la dictadura del tiempo cronológico.
«Ser padre consiste en dejarse ganar hasta el día en que la derrota sea verdadera», decía Alejandro Zambra en su célebre novela Poeta chileno, una idea que reaparece en este libro cautivador, escrito «en estado de apego» o «bajo la influencia» de la paternidad, cuyo tema estelar es la infancia o cómo el nacimiento y el crecimiento de un hijo no solamente modifican el presente y el futuro, sino también remecen nuestras ideas acerca del pasado.
Accedemos así a un tratado falsamente serio o seriamente falso acerca de la «tristeza futbolística» o a una conmovedora historia de la pasión de un padre por la pesca, el mismo que unos años más tarde le regala a su hijo un pasaje a Nueva York a condición de que se corte el pelo, y que mucho más tarde inicia con el nieto en la distancia una conversación extraordinaria, una intimidad tan natural ahora como antes imposible y largamente anhelada.
Diario de paternidad, «carta al hijo» y ficción pura conviven en extraña armonía a lo largo de este libro, que puede ser leído como un manual heterodoxo para padres debutantes, o simplemente como un nuevo y brillante capítulo que enriquece la obra magnífica de uno de los escritores latinoamericanos más relevantes

Facsímil. Alejandro Zambra

Por supuesto, este es el libro más inclasificable que leí de Alejandro Zambra. Raro, ¡pero qué libro! 

Se trata de varios "multiple choice", el modelo de evaluación en la educación chilena. Zambra juega este juego con todas sus armas literarias en un formato fragmentario. Obvio, los últimos tres relatos para la prueba de "Comprensión de textos" me parecieron lo mejor, pero el resto de los ejercicios tienen todo de él: la soledad, los hijos, Chile. 

Lo leí en una sentada. 









Alejandro Zambra. Facsímil. Libro de ejercicios. Anagrama, 2021 (2014)


Sinopsis de la editorial:
Este libro osado, amargo y divertido está basado en un modelo antipático, tal vez el más antipático de todos: un examen de selección múltiple para acceder a la educación universitaria, concretamente el que miles de jóvenes, a lo largo de décadas, tuvieron que afrontar para postular a las universidades chilenas.
«A ustedes no los educaron, los entrenaron», sentencia un personaje de este libro feroz, hecho de relatos, fragmentos líricos y ejercicios de lenguaje, pero también de textos que reconocemos sombríamente como demasiado cercanos (folletería, publicidad, panfletos). Facsímil aborda el fracaso de un sistema educativo que ha perpetuado las desigualdades y precarizado la experiencia. Es un libro contra la ilusión de una respuesta única, contra el facilismo que elimina matices y neutraliza el pensamiento.
Publicado por primera vez en 2014, Facsímil acumuló elogios, ediciones y traducciones a una velocidad inesperada, demostrando que su particularísima mezcla de mordacidad y ternura resuena en diversas escalas, y convirtiéndose en uno de los títulos fundamentales de Alejandro Zambra.

 

Poeta chileno. Alejandro Zambra


Cuando esperaba encontrar algo bueno, encontré algo abrumadoramente bueno. Es que la escritura de Alejandro Zambra, enternecen sus personajes, emociona su recorrido literario y aunque no sea lectora de poesía no me hizo falta para entender la belleza de Poeta chileno.

En tiempos de masculinidades cuestionadas y familias que van buscando sus formas Gonzalo conmueve con sus decisiones y sus dudas, con su manera de ser padre y padrastro, con sus culpas, sus errores.

Todos los personajes tienen su punto de ternura: el hermoso Vicente, la solitaria Carla, la espléndida Pru. Y la gata Oscu también, claro.

Bella, bella, bella novela.

*Curiosidad: segundo libro consecutivo que leo con mucha presencia de Catedrales, de Carver. Ahora hay tiempo para releer.




















Alejandro Zambra. Poeta chileno. Anagrama, 2020


Resumen de la editorial:
Durante buena parte de esta novela Gonzalo es un poetastro que quiere ser poeta y un padrastro que se comporta como si fuera el padre biológico de Vicente, un niño adicto a la comida para gatos que años más tarde se niega a estudiar en la universidad porque su sueño principal es convertirse –también– en poeta, a pesar de los consejos de Carla, su orgullosamente solitaria madre, y de León, un padre mediocre dedicado a coleccionar autitos de juguete.
El poderoso mito de la poesía chilena –un personaje secundario dice, aludiendo a los veredictos de la Academia Sueca, que los chilenos son bicampeones mundiales de poesía– es revisitado y cuestionado por Pru, una periodista gringa que se convierte en testigo accidental de ese esquivo e intenso mundo de héroes e impostores literarios.
«La verdadera seriedad es cómica», decía Nicanor Parra, y esta novela sobre poetas que desprecian las novelas lo demuestra brillantemente.
El laberinto masculino actual, los trágicos vaivenes del amor, las familias –o familiastras– fugaces, la omnipresente desconfianza en instituciones y autoridades, el deseo valiente y obcecado de pertenecer a una comunidad en parte imaginaria, el sentido de escribir y de leer en un mundo hostil que parece desmoronarse a toda velocidad… Son muchos los temas que este libro hermoso, contundente y desenfadado pone encima de la mesa. Autor de obras que se han vuelto emblemáticas, como Bonsái, Formas de volver a casa, Mis documentos o Facsímil, Alejandro Zambra regresa en grande a la novela con este libro que lo confirma como una de las voces fundamentales de la literatura latinoamericana en lo que va de siglo.

La vida privada de los árboles. Alejandro Zambra


¡Lo que me gusta Alejandro Zambra! Escribe con cercanía, siempre. Un poco generacional, otro poco geográfico-cultural. No tengo mucho más que agregar, porque a Zambra hay que leerlo. Siempre acaricia, aunque sea en (o porque son) apenas 120 páginas. Soy fan de Zambra.







Alejandro Zambra. La vida privada de los árboles. Anagrama, 2007

Resumen de la editorial:
Verónica tarda, Verónica se demora inexplicablemente y el libro sigue hasta que ella regrese o hasta que Julián esté seguro de que ya no volverá. Hacia el final, Julián quiere escribir y no ser escrito, pero esperar es dejarse escribir: esperar es seguir una constante deriva de imágenes. Entonces la historia comienza mucho antes de esa noche última, tal vez una tarde de 1984, con la escena de un niño mirando televisión. Y termina con las inevitables conjeturas sobre la vida de Daniela, la hija de Verónica, a los veinte, a los veinticinco, a los treinta años, cuando ha pasado mucho tiempo desde que su padrastro le contaba historias sobre los árboles. ¿Por qué leer y escribir libros en un mundo a punto de quebrarse? Esta pregunta ronda cada página de La vida privada de los árboles, una novela que confirma a Alejandro Zambra como uno de los escritores más interesantes de las nuevas generaciones.


No leer. Alejandro Zambra


Algunas cosas de este bonito libro, tanto en forma como en contenido.

Zambra se queja en varias oportunidades del precio de los libros en Chile. Espantada salí esta semana de la librería. La revolución de la alegría llegó también a la literatura. Zambra lo dice por primera vez en un artículo llamado Elogio de la fotocopiadora, donde narra algo de ese  pirateo artesanal para quien no tiene el recurso económico para comprar libros.

Aunque no leí la mayoría de los autores que Zambra reseña (pero los apunto), yo me quedo con su mirada de lector, con sus obsesiones y manías, con el simple acto de leer en el que me reconozco. Zambra, en ese punto, es como un par, un tipo que lee, al igual que yo.

Mi lista después de No leer: Julio Ramón Ribeyro, Natalia Ginzburg, Cesare Pavese, Clarice Lispector. Releer Amberes y todo lo demás de Bolaño (¿qué cosa mejor para leer este fin de semana?)

Y la pregunta: ¿me animaré con la poesía?

Elogio de la fotocopiadora

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El silencio de narrar

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Cómo estar callado en alemán

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El gesto de Onetti

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Veraneando en Hungría

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Viajar con libros

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Festival de la Novela Larga

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Peras y manzanas

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El tiempo de Natalia Ginzburg

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La poesía de Roberto Bolaño

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Alejandro Zambra. No leer. Crónicas y ensayos sobre literatura. Excursiones, 2012