Cuando una novela, a partir de una historia en apariencia personal, individual, cuenta la historia de un país de manera tan sutil pero tan categórica yo no puedo más que aplaudir.
Esta es la historia de un adulto joven nacido en Colombia en los 70 y que va creciendo mientras se desarrolla el imperio de Pablo Escobar y la muy yanqui "guerra contra las drogas". Escobar apenas aparece en la novela; lo que atraviesa esta vida son las consecuencias: los tiroteos en las calles, los atentados, el no saber si se vuelve a casa, si los seres queridos vuelven, la sensación de poder ser un blanco sólo por estar en el lugar equivocado, en fin, crecer y vivir con miedo.
En la otra vida que narra este libro leemos los inicios del tráfico de marihuana y cocaína, la cotidianidad, la inocencia tal vez.
Me reitero pero me fascina cómo una vida puede contar un país. Bravo
Juan Gabriel Vásquez.
Juan Gabriel Vásquez. El ruido de las cosas al caer. Alfaguara, 2011
Sinopsis de la editorial:Tan pronto conoce a Ricardo Laverde, el joven Antonio Yammara comprende que en el pasado de su nuevo amigo hay un secreto, o quizá varios. Su atracción por la misteriosa vida de Laverde, nacida al hilo de sus encuentros en un billar, se transforma en verdadera obsesión el día en que éste es asesinado.Convencido de que resolver el enigma de Laverde le señalará un camino en su encrucijada vital, Yammara emprende una investigación que se remonta a los primeros años setenta, cuando una generación de jóvenes idealistas fue testigo del nacimiento de un negocio que acabaría por llevar a Colombia —y al mundo— al borde del abismo. Años después, la exótica fuga de un hipopótamo, último vestigio del imposible zoológico con el que Pablo Escobar exhibía su poder, es la chispa que lleva a Yammara a contar su historia y la de Ricardo Laverde, tratando de averiguar cómo el negocio del narcotráfico marcó la vida privada de quienes nacieron con él.
El ruido de las cosas al caer es la historia de una amistad frustrada. Pero es también una doble historia de amor en tiempos poco propicios, y también una radiografía de una generación atrapada en el miedo, y también una investigación llena de suspense en el pasado de un hombre y el de un país.
La narcoliteratura me gusta mucho, y Élmer Mendoza, con su estilo narrativo tan peculiar, se está convirtiendo en uno de mis autores preferidos del género.
El paisaje mexicano, su violencia y corrupción, el habla de ese país, el desencanto, los amores y desamores, están narrados con "pelotas". Mendoza, haciéndose cargo del lugar que ocupa en la literatura dijo alguna vez: “Me gusta la palabra narcoliteratura porque, los que estamos
comprometidos con este registro estético de novela social, tenemos las pelotas
para escribir sobre ello. Crecimos allí y sabemos de qué hablamos”.
Había leído la primera novela protagonizada por el Zurdo Mendieta y ahora esta última, así que tengo tres por leer. Será un placer.
Élmer Mendoza. Asesinato en el Parque Sinaloa. Random House, 2018 (2017)
Resumen de la editorial:
Una nueva entrega de la saga del Zurdo Mendieta y un relato
trepidante en el que la violencia, el narcotráfico, la corrupción y el amor se
entretejen en un retrato perfecto del presente de nuestro país.
Edgar «el Zurdo» Mendienta ha decidido retirarse de las fuerzas policiales.
Desencantado y hastiado por la violencia, parece sucumbir ante el consumo
autodestructivo de whisky, cuando Abel Sánchez, viejo amigo y mentor, hace que
vuelva como detective por un favor al que El Zurdo no puede negarse: hallar al
asesino de su hijo, el abogado Pedro Sánchez Morán, quien fue encontrado muerto
en el Parque Sinaloa.
La policía de Los Mochis cerró el caso sin investigación alguna, pues dan por
hecho que Pedro fue asesinado por su novia, la también abogada Larissa Carlón,
cuya muerte reciente fue asumida como suicidio. Elementos de la Marina
patrullan Los Mochis; el Perro Laveaga, cabecilla del cártel delPacífico, se ha
fugado de la prisión de máxima seguridad de Barranca Plana y todo parece
indicar que está escondido en alguna parte de la ciudad.
El poderoso narcotraficante está actuando con imprudente descuido; confía
demasiado en el Grano Biz, su lugarteniente en la zona, y, además, su obsesión
por una mujer lo tiene trastornado. El deseo más grande del Perro es
reencontrarse con Daniela K, locutora de gran audiencia, quien ha prometido
hacer una radionovela sobre la vida del capo.
Asesinato en el Parque Sinaloa es un laberinto de intrigas y
complicidades, de senderos que convergen en la pasión y el crimen. Élmer
Mendoza nos entrega una obra maestra del género, una novela vertiginosa que nos
recuerda que la pregunta fundamental de la literatura policiaca es la misma del
amor: ¿quién diablos es el culpable?
Uf. Pensaba mientras leía esta novela en otras ambientadas en Argentina y en otras épocas, por ejemplo aquella de la Zwi Migdal y el origen de lo que entonces y hasta no hace mucho se llamaba "trata de blancas".
Y pensaba que poco ha cambiado en un siglo, ni siquiera se ha sofisticado. Quizás es más sórdido, más terrible.
Trazo muchos links a otras lecturas, novelas, cuentos, ensayos. De esos links me quedan lecturas mejores o peores, pero una misma conclusión: hay un mundo terrible ahí afuera.
Miryam Laurini. Qué raro que me llame Guadalupe. Punto de Encuentro, 2014
Resumen de la editorial:
El Hotel El Universo de una estrella, está en un
barrio feo, sucio y pobre de la ciudad de México y es uno de los prostíbulos de
la zona. Durante el día y la noche mujeres de todas las edades entran con sus
clientes. Cojen, cobran y se meten la droga que consiguen y hacen la lucha que
pueden, como pueden.
Por ahí anda Berenice - nombre de guerra de Guadalupe, de 16
años- callejeando, que es lo que le gusta hacer, mordiendo la vida que le ha
tocado, prisionera de un laberinto que desemboca siempre en el único universo
que conoce.
La esclavitud de las mujeres en el mundo, de la trata, es el
tema de esta durísima novela que describe la sordidez de uno de los peores
escenarios del mundo: la prostitución. Lejos de la tontería de la mujer como
encarnación del "pecado", muy lejos de la hipocresía del "mal
pecado" y la hipocresía de signo contrario que presenta a la prostitutas
como "santas", la autora nos introduce - y lo hace a los empujones,
obligándonos a mirar y a conocer- en el espacio cerrado y sofocante que habitan
las putas pobres.
El drama y la tragedia acechan y estallan en la muerte
violenta. No hay piedad ni coartadas para nadie. Esto sucede entre nosotros.
Hace muchísimos años quería leer este libro: exactamente desde que leí por primera vez 2666. Allí, en la literatura pura de Roberto Bolaño, los crímenes de Santa Teresa, o Ciudad Juárez me parecieron la parte más alucinante de la novela, que es la contracara o, mejor, la traducción literaria de una gran crónica periodística que escribió hace ya bastante Sergio González Rodríguez.
Es que no se me ocurre otra palabra que alucinante y me resisto a ir al diccionario a buscar un sinónimo porque no creo que otro vocablo pueda describir cómo yo sentí este libro.
La misoginia, el machismo, el patriarcado, todo exacerbado por el narcotráfico y la industria de las maquilas (y, por supuesto, la frutilla del postre: la impunidad política, policial y judicial) que sembraron de cadáveres de niñas y mujeres esa ciudad mexicana.
Un horror, pero, como dice el autor, no hay derecho a tener miedo, porque "la valentía de las víctimas al encarar en el último momento la indignidad de su muerte, nos librará del miedo, siempre, una y otra vez".
Sergio González Rodríguez. Huesos en el desierto. Anagrama, 2015
Resumen de la editorial
Huesos en el desierto describe la fórmula precisa para
cometer crímenes perfectos. Basta pensar en una urbe en la que hubiera libertad
para violar, torturar y matar mujeres, los policías encubrieran a los asesinos
o fueran sus cómplices, maquinaran la culpabilidad de gente inocente y
amenazaran o atentaran contra la vida de quienes se atreviesen a denunciarlos.
En consecuencia, los culpables estarían libres y el gobierno cerraría los ojos.
Sería una intriga siniestra de la barbarie de género: más de un centenar de
víctimas de homicidios en serie de cariz sexual. Tal abismo construiría una
historia insólita de horror, excepto por un rasgo: es real, nada especulativo
ni ficticio. Tan verídico como las víctimas, los documentos, los testimonios,
los indicios, las evidencias que se acumulan en Huesas en el desierto, producto
de una pesquisa sistemática que se remonta a la década anterior y escruta el
presente como objeto de estudio histórico. En el mapa, el punto se llama Ciudad
Juárez, que se ubica en el Estado de Chihuahua, frontera mexicana con Estados
Unidos, y constituye una auténtica «dimensión desconocida» twilight zone, como
la describió el célebre superdetective estadounidense Robert K. Ressler, ya que
consiente la más alta tecnología de la industria multinacional allí asentada
tanto como los contrastes sociales, la pobreza, el flujo nómada de los
migrantes en un territorio inscrito en el crimen organizado, el narcotráfico,
la violencia, las toxicomanías destructivas, y donde muchas personas resisten
desde el apoya mutuo este empuje opresivo.