El gato perdido. Mary Gaitskill


¿De qué se trata finalmente esta novela-memorias? ¿Cómo es que puede definirse un duelo?

Todo comienza con la adopción de un gatito, medio ciego, flaco, que atraviesa el océano para llegar a su nuevo hogar y desaparecer. Mary hace todo lo racional que está a su alcance para encontrarlo. También un sinfín de cosas irracionales.

Lo que dispara el gatito desaparecido es una serie de reflexiones y remembranzas sobre su familia, la muerte de su padre, los niños que transitan por su vida y su incapacidad de ayudarlos en lo inmediato y en la vida en general. Todo eso se activa con Gattino.

No deja rastros, pero sí huellas profundas: de la ausencia, a veces, nace un saber que antes no estaba. Eso también es un duelo.

4/5🎗












Mary Gaitskill. El gato perdido. La bestia equilátera, 2026 (2009)

Sinopsis de la editorial:
"El año pasado perdí a mi gato, Gattino. Era muy joven, de solo siete meses, apenas un adolescente. Lo más probable es que esté muerto; no lo sé".
Así comienza este libro íntimo y conmovedor. Durante un retiro de escritura en la Toscana, Mary Gaitskill rescata a un gatito de la calle —flaco, medio ciego— y se lo lleva a su casa en Estados Unidos, de donde desaparece a las pocas semanas sin dejar rastro.
A partir de entonces se desata una búsqueda desesperada, casi irracional: pega carteles, arma trampas, interroga a cada vecino, consulta vidente tras vidente, deja ropa sudada en el campo, traza un sendero de excrementos sobre la nieve. Nada funciona y, pese a ello, la exploración frenética no se detiene: el dolor se desplaza hacia un territorio interior. Recuerda la muerte lenta de su padre, y su vínculo complejo con dos niños, César y Natalia, a los que nunca sabe cómo ayudar.
Gaitskill indaga con maestría en la naturaleza del amor y la pérdida sin un gramo de sentimentalismo ni ninguna voluntad de aleccionar. Tiene un ojo prodigioso para capturar el detalle revelador, y una precisión quirúrgica en sus observaciones. Su estilo resulta tan vívido e intenso que el lector no puede sino sentir su mismo desconsuelo.
El gato perdido demuestra cómo de la ausencia puede emerger una forma inesperada de conocimiento.




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