Dicen que la Lebowitz es una de las observadoras más agudas de la vida urbana. En esta colección de textos breves opina sobre casi cualquier tema: el dinero, los grupos, las profesiones, los padres, los artistas, los fumadores o la convivencia.
Su humor es ácido, provocador y muchas veces políticamente incorrecto. Dispara contra todos, incluida ella misma, y construye una voz mordaz e ingeniosa, llena de aforismos, listas y observaciones que siguen sonando sorprendentemente actuales.
La comparan con Dorothy Parker; como no la leí, no puedo opinar, pero a mí me recordó mucho a Nora Ephron.
Nunca estuve en Nueva York, pero igual lo disfruté.
4/5🎗
Fran Lebowitz. Un día cualquiera en Nueva York. Tusquets, 2021
Sinopsis de la editorial:
Es una provocadora nata, capaz de bajarle los humos a la mayoría de sus conciudadanos y de reírse de cualquier situación: la búsqueda de departamento, las facturas de teléfono impagas, un viaje, las firmas de libros, el dormir (o no dormir) a horas indecentes, las ansias de triunfar, tomar unas copas con celebridades, los buenos restaurantes o la (adulta) educación de los hijos. Por si todavía no lo han adivinado, hablamos de Fran Lebowitz. Hablamos de Nueva York. Célebre al hilo de la serie Supongamos que Nueva York es una ciudad, de Martin Scorsese, Fran Lebowitz ha sido una gran desconocida que por fin, y con toda justicia, ha obtenido el éxito que merecía. Su prosa, ahora reunida, es un compendio del humor más refrescante y mordaz que se haya escrito en décadas.
Qué hermoso que es volver a Valeria Luiselli. Una novela sobre viajar, sobre la memoria, el medioambiente, los migrantes refugiados, los vientos, las madres, las hijas, la literatura, la ficción, los clásicos, la vejez, la infancia, el pasado, el futuro, la cultura, el linaje.
La novela transcurre en Sicilia, adonde una escritora viaja con su hija tras las huellas de su bisabuela, la Nanna, que trabajó en una excavación arqueológica antes de emigrar a América. Son, en rigor, cinco generaciones latiendo a la vez (hija, madre, abuela, bisabuela y lectora), como escribió Samanta Schweblin sobre el libro, y de fondo el Etna en erupción, los incendios, los vientos: el mundo derrumbándose al mismo tiempo que estas mujeres excavan su propio pasado.
Lo devoré en pocos días porque además de bello, hermosamente escrito, sabio, cálido, es, sobre todo un libro que me acompañó; o yo acompañé ese viaje. No lo sé, sólo sé que me sentí cobijada.
5/5🎗
Valeria Luiselli. Principio, medio, fin. Feltrinelli, 2026
Sinopsis de la editorial:
Esta historia comienza el día en que una madre y su hija adolescente llegan a Sicilia, durante un verano de vientos impredecibles, repentinas tormentas y volcanes que amenazan con entrar en erupción. La madre acaba de dejar atrás un divorcio difícil y sabe que es hora de encontrarle un nuevo inicio a su vida. Por ahora el plan es: equipaje ligero —una maleta gris y una verde— y no dejar de moverse hasta que cada cosa por fin caiga en su lugar.
A medida que pasan los días en la isla, crece la curiosidad de la hija por la historia de la Nanna, su bisabuela, que trabajó como excavadora en un yacimiento arqueológico antes de emigrar a las Américas. De los paseos, las lecturas y las conversaciones entre madre e hija surge la pregunta esencial que late en el interior de esta novela: ¿cómo reimaginamos la vida de otro modo?
En Principio, medio, fin, la esperadísima nueva obra de Valeria Luiselli, las protagonistas excavan también en el tiempo en busca de una respuesta, y en su camino hacia los orígenes familiares, míticos y geológicos vislumbran un futuro posible que conecta a nietas y abuelas, mitos y piedras, escritura y memoria. Cálida, centelleante y poética, esta novela es una declaración de amor a la imaginación, esa fuerza luminosa capaz de darle sentido a nuestro paso fugaz por el mundo.
Si quisiera ser simplista, daría la sensación de que lo que hace esta autora es "simplemente" montar o editar decenas de entrevistas y presentarlas en forma de libro.
Ojalá fuera tan sencillo.
Lo que hace Svetlana Alexiévich es mucho más que eso. Tiene un método (y una sensibilidad) que atraviesa todos sus libros: viajar en trenes, aviones, autos, a pie; tomarse años para hacerlo; escuchar, dar la palabra, y otra vez escuchar.
Durante diez años escuchó a hombres y mujeres, niñas y niños, sobrevivientes y viudas, habitantes y desplazados de los pueblos afectados por la explosión del reactor nuclear de Chernóbil. Cada cual relata la desolación, la incertidumbre, el dolor. Y lo que llegó con todo eso: la caída de la URSS, la disolución del "ser soviético", el vacío (de casas, de sentido, de autoridad, de protección).
El método de Alexiévich es inapelable: escuchar. Y dejar que esa escucha, sostenida durante años, se convierta en historia.
4,5/5🎗
Svetlana Alexiévich. Voces de Chernóbil. Debate, 2015 (2005)
Sinopsis de la editorial:
Chernóbil, 1986. «Cierra las ventanillas y acuéstate. Hay un incendio en la central. Vendré pronto.» Esto fue lo último que un joven bombero dijo a su esposa antes de acudir al lugar de la explosión. No regresó. Y en cierto modo, ya no volvió a verle, pues en el hospital su marido dejó de ser su marido. Todavía hoy ella se pregunta si su historia trata sobre el amor o la muerte.
Voces de Chernóbil está planteado como si fuera una tragedia griega, con coros y unos héroes marcados por un destino fatal, cuyas voces fueron silenciadas durante muchos años por una polis representada aquí por la antigua URSS. Pero, a diferencia de una tragedia griega, no hubo posibilidad de catarsis.