República luminosa. Andrés Barba



A mitad de año, al terminar de leer República luminosa, me obligo a un recuento que suelo hacer cuando la sensación térmica en la ciudad es de 40º a la sombra. ¿Qué libro me impactó como este en lo que va del año?

Una cosa es que me hayan gustado, y son, por distintas razones, la mayoría de los que leí en estos seis meses. Pero impacto así, como República luminosa, creo que ninguna novela hasta junio.

El tema que aparece como central, con “luminarias”, es el de la infancia. Sí, aún para quienes nos relacionamos poco con niñxs, todo es como un cimbronazo. Pero alrededor de eso, envolviendo todo, está la descomposición del colectivo social, nuestra famosa grieta, por un lado, y por otro, pero abrazando (y abrasando) lo anterior, esas cosas de las que abjuramos, pero que en ciertas circunstancias parece que, finalmente, somos capaces de hacer, pese a nuestra vergüenza.

Leí la novela en dos días. Tiene eso que, aunque el final está dicho desde el primer momento, atrapa. Es la necesidad de comprender. Es el miedo por nosotrxs mismxs. ¿De qué sería una capaz?

Finalmente: lo de los premios suele ser relativo, pero yo, que soy compradora compulsiva, fui aprendiendo a cuáles premios tenerles desconfianza y a cuáles creerles con los ojos cerrados. De los que leí de los Premios Herralde de Novela, sólo alguno me resultó apenas flojo; el resto, no me defraudó.

Porque me gustan las listas nomás, acá mis Premios Herralde leídos hasta aquí:




















Andrés Barba. República luminosa. Anagrama, 2018 (2017)
Resumen de la editorial:¿Qué tiene que suceder para que nos veamos obligados a redefinir nuestra idea de la infancia? La aparición de treinta y dos niños violentos de procedencia desconocida trastoca por completo la vida de San Cristóbal, una pequeña ciudad tropical encajonada entre la selva y el río. Veinte años después, uno de sus protagonistas redacta esta República luminosa, una crónica tejida de hechos, pruebas y rumores sobre cómo la ciudad se vio obligada a reformular no solo su idea del orden y la violencia sino hasta la misma civilización durante aquel año y medio en que, hasta su muerte, los niños tomaron la ciudad. Tensa y angustiosa, con la nitidez del Conrad de El corazón de las tinieblas, Barba suma aquí, a su habitual audacia narrativa y su talento para las situaciones ambiguas, la dimensión de una fábula metafísica y oscura que tiene el aliento de los grandes relatos.


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