Declaración de principios literarios
Veamos. Leí algunos Shakespeare, algunos Dostoievski, algún
Gogol y paremos de contar. Los leí cuando empezaba mi vida lectora, era poco
más que una niña y quería leer y suponía entonces que se empezaba a leer con
los clásicos. Biblioteca Pedagógica. Mismo número de lector hasta que hicieron
los carnets con código de barras y número de documento. Muchos, muchos años.
Pero después me dije: para leer a todos los clásicos
necesito dos o tres vidas, o cinco, o seis. O nacer en el Medioevo, rica,
no-mujer y dedicarme sólo a leer.
Y me gustaban los contemporáneos.
Y es por una razón muy íntima, porque creo que la relación
que una tiene con la literatura, los libros en general y los libros como objeto
tan preciado también, es una relación muy, muy íntima.
Y entonces quiero que
los libros me cuenten historias que pude haber vivido o podría vivir todavía.
Y por eso también me gustan los libros que cuentan sagas
familiares. Tal vez porque no he podido reconstruir la historia larga de mi
familia más que a pobres grandes trazos. Unos tatarabuelos llegados de los
Alpes suizo-alemanes; un nono llegado de Italia en 1950 y un año después un
papá que llega con 4 años y cuya memoria se niega a recordar nada de aquellos
tiempos. Y deben haber pasado tantas cosas para llegar hasta acá que no puedo
siquiera imaginar…
No conozco muchos libros sobre historias familiares argentinas. Recuerdo haber
leído uno sobre la “gran” familia argentina, los Lugones, en una muy linda
novela de Marta Merkin que, por no ser (demasiado) afecta a robar libros, no
conservé. Bueno, la trilogía de Saccomano está muy bien, ahora que lo pienso. Y ni hablar de los ensayos sobre historia y política...
En fin. La cuestión es que me pierdo en un newsletter con
novedades de una librería. Me puede la mesa de los recién llegados en Mauro
Yardín Librerías. Quiero leer contemporáneos. A lo sumo los años 50. Me gusta
mucho la literatura argentina en la que me puedo reconocer. La santafesina con
Saer. La española me seduce demasiado, porque se va más allá de los años 50 y sin embargo me
tira, me busca, como si tuviese sangre española en lugar de italiana. (Dejamos para otro post el por qué remover con obsesión en los diarios santafesinos, buscando desenmascarar la "santafesinidad" en Historias Colaterales)
Quizás escriba una burrada, pero me da la sensación de que
los españoles tienen más resueltas su cuitas en la literatura y nosotros, los argentinos,
las vamos resolviendo en la justicia mucho más rápido que ellos. Y eso está
bueno, está mejor, creo. De los años 30 a la actualidad en la literatura,
ellos. De los años 70 hasta acá en los juicios por Verdad, Memoria, Justicia,
nosotros. Valoremos, ¿no? Realidad… Literatura…
En fin otra vez. Acá hablamos de literatura, y de libros en general.
Por eso en este blog hay tanto contemporáneo y tan poco
clásico.
Sirva esto como declaración de principios
bloggero-literarios.
Interesante comentario de la lectora, me quedo con el drama de la afición por la lectura cuando nos planteamos que leer y cuánto podemos abarcar con las limitaciones temporales de la existencia, cuando elegimos, cuánto dejamos atrás, en fin , Preguntarle al maestro Borges que al menos nos da luces de aquellos imperdibles
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