Triste, solitario y final. Osvaldo Soriano


"Cuando yo escribo, se llena de gatos el lugar donde yo estoy", dice Osvaldo Soriano en la entrevista que comparto más abajo. Tenía una relación que él definió como "mágica" con los gatos y fue uno de ellos el que le dio la clave para esta novela.

Triste, solitario y final es la marca del ingreso de los libros "de grandes" a mi casa. Del diario Página 12 y de revistas políticas como Humor o más adelante El Periodista.

Mi paso de la niñez a la adolescencia lleva el sello del Gordo, y su relectura y esta novela en particular me transportan a tiempos difíciles pero más felices. Es porque entonces, el Gordo estaba entre nosotros.






Osvaldo Soriano. Triste, solitario y final. Bruguera, 1983 (1974)

Resumen de la editorial:
Triste, solitario y final es una celebración de la literatura y el cine, un libro regocijante y piadoso, lúcido y cruel, que se alza con vuelo propio desde los límites de la ficción: la tumba de Stan Laurel en Forest Lawn y el poético paseo de Raymond Chandler por una playa de Bay City son los sugestivos extremos de de una obra cuyas claves describen -y añoran- una armonía ausente.

La transparencia del tiempo. Leonardo Padura


Nueva novela protagonizada por Mario Conde donde recorremos Cuba de la mano de un cubano: la turística, la de los que viven con las eternas carencias del bloqueo, y otra muy miserable que Conde descubre y nos descubre.

La trama detectivesca está bien, la intriga se sostiene y, como es costumbre en Padura, a medida que pasan los libros y los años de Conde (y vamos envejeciendo sus lectorxs también) nos adentramos en preguntas y búsquedas "existenciales" de toda una generación.

Como en otras novelas de Padura, se intercalan capítulos en los que se va atrás en los siglos, en este caso hasta los templarios, para demostrarnos que la historia nos atraviesa, pero que "la vida es más ancha que la historia".













Leonardo Padura. La transparencia del tiempo. Tusquets, 2018

Resumen de la editorial:
A un Mario Conde a punto de cumplir sesenta años, y que se siente más en crisis y más escéptico que de costumbre con su país, le llega de manera inesperada un encargo de un antiguo amigo del instituto, Bobby, que le pide ayuda para recuperar la estatua de una virgen negra que le han robado. Conde descubre que esa pieza es mucho más valiosa de lo que le han dicho, y su amigo tiene que confesarle que proviene de su abuelo español, que, huyendo de la Guerra Civil, la trajo de una ermita del Pirineo catalán. En los bajos fondos de La Habana, Conde da con un sospechoso al que acaban matando. Con el asesinato de otro cómplice, Conde descubre una inesperada trama de galeristas y coleccionistas extranjeros interesados en la talla medieval, y se tropieza inevitablemente con la policía de homicidios de La Habana. Pero, en capítulos intercalados, La transparencia del tiempo también cuenta la epopeya a lo largo de los siglos de la estatua, una virgen negra traída de la última cruzada a una ermita del Pirineo por un tal Antoni Barral, y será otro Antoni Barral quien la salve y se vea obligado a embarcar como polizón rumbo a La Habana.


El talento de Mr. Ripley. Patricia Highsmith


Agobiada por el calor, releo después de muchísimo tiempo el primer libro de la saga Ripley. Recuerdo haber leído los cinco en distintos ejemplares de la querida Biblioteca Sarmiento. Y estoy tentada de volver a todos ellos.

Qué decir de El talento de Mr. Ripley que no se haya dicho... es que a mí la novela negra me encanta, y si además se detiene en los devaneos psicológicos de los protagonistas, mucho mejor. Eso hace que vaya creciendo en mí una empatía que, si lo pienso friamente, debería espantarme. Sentir empatía por Tom Ripley no suena muy bien, pero lo logra una maestra del suspense como Patricia Highsmith.

Patricia Highsmith. El talento de Mr. Ripley. Sol90, 2004 (1955)

Resumen de la editorial:
La gris apariencia de Tom Ripley esconde una personalidad atormentada por la insatisfacción que le procura una vida anodina y convencional. Pero el encuentro casual con un rico empresario, obsesionado con que su hijo ponga fin a sus vacaciones en Italia y regrese al redil familiar, colocará a Tom Ripley en el punto de partida de un camino cuya estación término es el asesinato.
Indiferente ante el sufrimiento ajeno, ególatra enfermizo, el personaje de Tom Ripley es una de las creaciones más brillantes y perturbadoras de la genial escritora estadounidense Patricia Highsmith.
El enorme éxito de este libro, publicado en 1955 y llevado al cine por vez primera en 1960, hizo que Highsmith escribiera varias secuelas novelescas con Tom Ripley como protagonista.


Mujercitas. Louisa May Alcott


Vuelta a mi infancia con esta relectura. La saga de Alcott fue la primera que recuerdo haber leído libro tras otro. Encontré sólo dos de ellos, quién sabe dónde habrán quedado los demás después de tantas décadas.

Volví a él después de Simone de Beauvoir y el relato de su infancia. Es lógico que a muchas mujeres nos haya marcado esta novela sencilla, "de chicas", como también es lógico que admiráramos a Jo.

Hubiera querido leer esta nueva edición, pero son tiempos de bolsillos flacos.





Louisa May Alcott. Mujercitas. Gradifco, 2008 (1868)

Resumen de la editorial:
Mujercitas es una historia pequeña y placentera. No relata grandes hazañas ni heroicos acontecimientos. Es la íntima y sencilla historia de cuatro hermanas que juntas recorren el camino para transformarse de niñas en mujeres, un camino duro y dificultoso que les va mostrando las tristezas, pero también las alegrías que la vida puede ofrecerles. Rodeadas del afecto y de la compañía de sus seres queridos, las mujercitas van sorteando, sufriendo y superando los distintos altibajos con los que el mundo las enfrenta.

La historia. Elsa Morante


Mientras la Historia (esa a la que le ponemos unas mayúsculas por convención, para oponerla a la que va con minúsculas, la que no se discute en las academias) transcurre, la historia se vive. Con esta simpleza construye esta monumental novela Elsa Morante. Porque aunque sea reiterativa, la Historia atraviesa nuestras historias, que es lo mismo que decir, que lo personal es político, y viceversa.

La estructura de cada capítulo se inicia con un breve racconto de lo que sucede en Europa entre 1941 y 1947. La Historia. Luego viene la historia, esta microhistoria atravesada por la Historia que nos regala Elsa.

Como se cuenta en el prólogo, quiso escribir una novela que se vendiera a precios populares, para que fuera leída por la gente común, por los “analfabetos”. Esas víctimas de la Historia que en sus historias no se reconocen como tales.

El relato es a momentos de una crudeza insoportable en el derrotero de los personajes principales y laterales. Pero no hay párrafo en el que no se pueda leer algo que, por no encontrar mejor palabra, defino como ternura.

Sé con certeza que Elsa Morante ya me conquistó, como lo hicieron la guerra, la posguerra, las mujeres y la Italia de Natalia Ginzburg. Como aprendí con ella, yo soy con la H(h)istoria.















Elsa Morante. La historia. Lumen, 2018 (1974)

Resumen de la editorial:
Un día de enero de 1941 un soldado alemán callejea por el barrio de san Lorenzo de Roma, y en ese caminar sin rumbo, con unas copas de más en el cuerpo, el joven se topa con Ida, una maestra viuda y madre de un hijo, que vuelve a casa después del trabajo. Vemos a una mujer de mirada sumisa y caderas anchas que no invitan a la seducción, pero el tiempo apremia. Al día siguiente el soldado se irá para siempre y cualquier abrazo le vale. El hombre sigue a Ida hasta el piso humilde que ella comparte con su hijo. La viola, luego sonríe como disculpándose, fuma un pitillo, se marcha y nunca más sabremos de él. De este acto brutal nacerá un niño, y la historia de la familia de Ida va a llenar las páginas de una novela que aún proyecta una luz intensa en la realidad de hoy. Ida y sus hijos no son partícipes en primera persona de la guerra que asola Europa, y ni siquiera tienen el valor de declararse víctimas: son comparsas, animales tristes que muestran su miseria sin reprochar nada a nadie. Sin embargo, las palabras de Elsa Morante, su modo de escribir tan visceral y próximo, los rescata para siempre y nos los entrega más vivos que nunca. Ella es la cronista de una historia sin Historia, y su mirada no es piadosa porque no necesita serlo. Ida, Useppe, Nino: basta con acompañarlos para no olvidar.
«Como novelista y como lectora, lo que he sentido leyendo La historia es una profunda gratitud hacia Elsa Morante»
NATALIA GINZBURG


Memorias de una joven formal. Simone de Beauvoir


Acá está el proceso de cómo se llega a ser mujer, cómo una persona que nace con un sexo comienza a ser mujer, cómo Simone llegó a ser mujer.

Durante la lectura de esta memoria me transporté a mis años de post adolescencia, cuando daba mis primeros pasos en la Universidad y se hicieron patentes un vacío, unas inquietudes, una incomodidad en la vida. Y encontré en aquellos años a Sartre y luego a Simone.

De la biblioteca de la Facultad recuerdo haber leído Los mandarines. Recuerdo que era un libro viejo (el olor), re-encuadernado, tapas duras verdes. También recuerdo la fiebre “sartreana” de esos tiempos, la escritura de algunos trabajos prácticos de Filosofía, Redacción, Teoría Política.

Recuerdo mis lágrimas con La ceremonia del adiós, esa edición tapas blandas (“Su muerte nos separa; mi muerte no nos unirá. Ya es hermoso que nuestras vidas hayan podido estar de acuerdo durante tanto tiempo"). Recuerdo.

En estos días, muchos años más, y cuando las diferencias lógicas dentro de todo movimiento político (y revolucionario) como el (los) feminismo(s) son expuestos con saña mediática con el único fin de derruir su potencia, la primera parte de estas memorias de Simone es un siempre válido y útil recordatorio de que el (los) feminismo(s) está(n) latentes en casi todas nosotras. Y a veces es por un hecho “determinante” y otras por un cúmulo de situaciones (la serie de acosos cada vez menos sutiles que relata Simone, la presión matrimonial de aquellos años, la maternidad como mandato) llega el momento en que podemos decirnos sin miedo al estigma que éramos feministas sin saberlo.


El libro de “El Castor”, al que siguen otros dos de los que intuyo La plenitud de la vida me gustará sobremanera, tiene una prosa muy amigable a pesar del tiempo transcurrido. Las costumbres han cambiado mucho, es cierto, pero las angustias, las opresiones, las búsquedas existenciales siguen siendo un patrimonio insoslayable de toda joven “formal” o no, que se resuelven (aunque no se saldan) según las posibilidades de cada quien.

Más allá de mi posición personal sobre la magnificada polémica entre (simplifico) norteamericanas y francesas luego del #TimesUp, no se puede olvidar que cada derecho lo ganamos en la calle y se lo debemos a activistas, intelectuales y tantas miles de mujeres que sin visibilidad (yankies, francesas, indígenas, latinoamericanas, árabes, asiáticas, africanas...) dieron comienzo (y sostuvieron aún en silencio) a una revolución que no va a parar. 

Abajo el patriarcado, ¡se va a caer, se va a caer! 🎶🎶🎶












Simone de Beauvoir. Memorias de una joven formal. DeBolsillo, 2016 (1958)

Resumen de la editorial:
Memorias de una joven formal traza las primeras etapas de un aprendizaje -existir sin concesiones a falsos ideales o autoengaños- y culmina con un gran encuentro; recién ingresada en la Sorbona, Simone de Beauvoir traba amistad con alguien a quien acaba de conocer, Jean Paul Sartre, que le dice: 'A partir de ahora la tomo entre mis manos'.

77. Guillermo Saccomanno


Este enero viene con más relecturas que los últimos meses. 77 es otra novela sobre la dictadura, donde pesan el terror en la vida cotidiana, en los cuerpos de algunas personas y para otras, "el mundo sigue andando".

Esta novela de Guillermo Saccomanno cierra una trilogía donde aparece el profesor Gómez, un cabecita negra, puto y peronista, haciendo un recorrido por la historia política y literaria del país (acá, La lengua del malón).

El tema del cuerpo, de "lo físico", lo somático, son para mí la clave de la novela, como lo había sido en esta de Feinmann. El terror, la culpa del sobreviviente, del "cobarde", las ausencias, la muerte en las calles, las desapariciones producen efectos físicos en las personas. La biopolítica de Foucault en su máxima expresión.

Porque lo personal es político. Y viceversa.




















Guillermo Saccomanno. 77. Planeta, 2008

Resumen de la editorial:
El terror patrulla las calles. Pelos quemados y sapos muertos intimidan un edificio. Un vecino desaparece. La represión acorrala. Astrólogos, videntes, profecías y maleficios. El ocultismo impera sobre la razón aniquilada.
Un estudiante secundario chupado en una clase sobre el Facundo. Hijos de gorilas en la lucha armada peronista. Un montonero, su compañera embarazada y su amante envueltas en una relación lésbica. Es el invierno del 77. El momento más cruel de la dictadura. El profesor Gómez, homosexual, cabecita negra, simpatizante del peronismo, no puede refugiarse en la literatura, tampoco huir de su pasado ni del presente que socava sus certezas.
Al acostarse con un policía, el profesor busca información sobre su alumno secuestrado. El bombardeo del 55 y sus consecuencias reverberan en una novela desesperada sobre el miedo y la complicidad civil, pero también sobre padres e hijos, un conflicto más político que generacional atravesado por la contradicción civilización/barbarie.
En la línea de La lengua del malón (2003) y El amor argentino (2004), Guillermo Saccomanno escribió una novela lunática y macabra sobre la cotidianidad bajo el terror, una historia exasperada, que fascina y espanta en su desborde.