Media vida. Care Santos


Quien pase de vez en cuando por este blog podrá darse cuenta de que soy bastante diversa en mis lecturas, o: de que me gusta casi todo, una buena variedad de géneros y autores. Así, de Arlt, pasé a esta novela.

Lo atractivo a la hora de elegirla fue lo mismo que me gustó una vez terminada: hay una historia entre el franquismo y la transición, hay amigas y hay familia.

Un retrato de época magnífico de una pequeña porción de la sociedad española a lo largo de 31 años y de los sueños y las posibilidades de las mujeres en ella. Vida, historia, memoria y perdón.














Care Santos. Media vida. Destino, 2017

Resumen de la editorial:
En pleno verano del año 1950 cinco chicas adolescentes internas en un colegio de monjas juegan juntas por última vez a «Acción o Verdad» o, como ellas lo llaman, el juego de las prendas. Dos de ellas, las gemelas Viñó, están a punto de empezar una nueva vida, llena de interrogantes, lejos de allí. La ocasión es especial y lo saben, pero ninguna espera que esa noche se convierta en un punto de inflexión para alguien más y que sin siquiera imaginarlo acabe marcando su camino para siempre. A través de las vidas de cinco amigas a lo largo de treinta años, Care Santos retrata a una generación de mujeres que tuvieron que construir sus destinos en un momento en que la hipocresía de aquellos que querían mantener las formas a cualquier precio se enfrentó a nuevas miradas sobre la amistad, el amor y la libertad.

Los siete locos. Roberto Arlt


Tareas urgentes tras releer esta novela después de décadas:
  • leer por primera vez Los lanzallamas
  • volver a Piglia
  • extrañar a Arlt
  • extrañar mucho mucho a Piglia
  • releer la excelente biografía de Sylvia Saítta, El escritor en el bosque de ladrillos
  • sacar tiempo de abajo de las piedras.






Roberto Arlt. Los siete locos. Tolemia, 2017 (1929)

El salto de papá. Martín Sivak


Recuerdo el "Caso Sivak" por los breves momentos en que había televisión en casa en aquellos tiempos. Teníamos un pequeño televisor, no había, al menos en casa, cable. La cara de Osvaldo Sivak, la barba, los ojos, los recuerdo mediados por ese aparato.

Estúpidamente, no relacioné a Martín Sivak con aquellos eventos cuando leí, con mucha envidia, sus libros sobre Clarín.

No sé muy bien cómo clasificar este libro: es novela (en esa nueva categoría que me fascina como es la "literatura del yo"), es una biografía (no sólo de Jorge y Martín Sivak, también es la biografía de una época de un país, por lo tanto también diría: es un ensayo).

Y digo un par de poquitas cosas sobre el libro, sólo porque es mi costumbre.

A la luz de 2017, leemos la vida de un hombre y un pedacito de la historia de un país (un banquero, un comunista, un militante, un padre, pero también un hijo, más el peronismo, el exilio, la guerrilla, el Che, Alfonsín, Menem, los carapintadas, uffff).

Ya se sabe, lo personal es político, y viceversa, tanto en el caso de un hombre con cierta actuación pública, como en el de un hombre o una mujer como mis padres. Ya se sabe, digo, pero en realidad no lo sé. Yo lo sé, punto. Lo personal es político y viceversa.

Sentí además una empatía, quizás generacional, con Martín Sivak, aunque él relata una infancia de niño rico y yo podría contar la de una de niña de clase media baja; pero en algunos pasajes, en algunos sentimientos (el fútbol, sin dudas, aunque yo soy hincha de un cuadro con muchas más "desgracias" que Independiente y muchísimas menos alegrías), en algunas reflexiones de nuestros 40s, hay ahí algo que me hizo lagrimear. Quizás (¿sólo quizás?) la buena prosa y, otra vez, la envidia.

Una última cuestión, que me vuelve a mi casa familiar y al pequeño televisor: la cara de Marta Oyhanarte frente a los micrófonos. Nunca me cayó bien. Ahora menos. Empatía total (y un poco de biografía propia) con MS.

Librazo.




Martín Sivak. El salto de papá. Seix Barral, 2017

Resumen de la editorial:
El 5 de diciembre de 1990 un grupo de obreros que levantaba un hotel en el centro de Buenos Aires vio cómo Jorge Sivak se lanzó al vacío sin darles tiempo a impedirlo. Era comunista y también banquero, y ese día se había decretado la quiebra de su empresa. Del duelo que demoró un cuarto de siglo emerge esta historia única y universal de un padre y un hijo.
Martín Sivak, que en el momento del suicidio tenía quince años, reconstruye una vida que brilló y se extinguió ante sus ojos. Jorge había sido dirigente estudiantil, guerrillero urbano, abogado defensor de presos políticos, y él mismo preso político y exiliado. Pero nunca abandonó la empresa familiar, un pequeño imperio creado gracias a la habilidad mercantil de su padre y a los fondos secretos del Partido Comunista. Quedó a cargo —sin don para los negocios— cuando su hermano mayor fue asesinado en el secuestro más sonado de la década de 1980: el Caso Sivak.
El autor compartió con su padre el entusiasmo de emprendimientos comerciales absurdos, las aventuras políticas más delirantes y el fervor por Independiente. Con honestidad descarnada busca en la memoria, conversa con los personajes prodigiosos que trataron a su familia, revisa fotos y expedientes judiciales y escucha su voz en viejas grabaciones para salvar del naufragio de la memoria las preguntas que quedaron sin respuesta, preservadas tercamente por el amor.

En Grand Central Station me senté y lloré. Elizabeth Smart


Leída a la luz de la historia de Elizabeth Smart, esta breve novela es la intensidad misma. Contiene todo lo que a mi juicio debe tener un texto para ser una pequeña obra maestra.

Me repito: intensa. Y sensual. Y emocionante. Y abrumadora.













Elizabeth Smart. En Grand Central Station me senté y lloré. Periférica, 2009

Resumen de la editorial:
En Grand Central Station me senté y lloré, publicado por primera vez en 1945, y que muy pronto se convertiría en un verdadero libro de culto al ser traducida a numerosos idiomas, narra con un lenguaje prodigioso, lleno de imágenes tan originales como potentes, la pasión de su autora por un hombre casado del que se enamoraría incluso antes de conocerlo personalmente.

Según venga el juego. Joan Didion


Fascinada por el estilo de Joan Didion, no me queda más que decir que Según venga el juego se trata de una novela durísima, donde priman el hastío, la voz rota de una mujer y muchos brazos de macho tironeándola, guiándola, aplastándola. 

PS: ¡¡¡ Gracias a la traductora!!! En esta novela no se folla, ¡se coge!










Joan Didion. Según venga el juego. Random House, 2017

Resumen de la editorial:
A sus treinta años, Maria Wyeth se encuentra emocionalmente a la deriva y ajena a todo lo que la rodea. Su carrera de actriz se ha limitado a papeles en películas de tercera y siempre ha vivido a la sombra de su marido, un reconocido director de Hollywood que nunca le ha permitido tomar sus propias decisiones con respecto a su hija de cuatro años, recluida en un centro médico para niños con necesidades especiales, ni con respecto a su nuevo embarazo.
Con una mirada implacable y una voz inconfundible, Didion disecciona sin contemplaciones la sociedad estadounidense de finales de los años sesenta, explorando por un lado la realidad de ser mujer en una sociedad en la que siempre han prevalecido las necesidades masculinas y, por otro, capturando el estado de ánimo de toda una generación que vive bajo el engaño de las apariencias, la amoralidad, las consecuencias del liberalismo extremo y el hastío generalizado del individuo contemporáneo.
Incluida por la revista Time en su lista de las mejores cien novelas en lengua inglesa publicadas entre 1923 y 2005, Según venga el juego está considerada, después de más de cuatro décadas desde su publicación, un clásico moderno de las letras norteamericanas y una de las mejores novelas de Joan Didion.


Orgullo y prejuicio. Jane Austen


Ningún párrafo subrayado para compartir. Y no porque no haya algunas frases dignas de ello. Pero más que frases hay situaciones, descripciones, pensamientos, momentos, dignos de recordar en esta novela de más de 200 años.

No descubro la pólvora si me admiro de la prosa de Jane Austen, de la casi perfecta construcción de los personajes y, especialmente y por sobre todas las cosas, del retrato social de una época y un lugar y unos seres humanos. Y por supuesto, entre esos seres humanos, las mujeres.

Muy buena lectura de fin de semana, acompañada de sol, una agradable brisa, y la laguna.

Jane Austen. Orgullo y prejuicio. Gradifco, 2008

Resumen de la editorial
Los errores ayudan a aprender y a madurar. Esto debió pensar Jane Austen al colmar sus novelas de mujeres que saben superar las diversas dificultades con las que se encuentran para llegar a la plena madurez.
Las hermanas Bennet, hijas de un matrimonio con una perturbadora situación económica a futuro, se encuentran ante la dicotomía de la placentera vida que el romance de una sociedad que las enfrenta, fruto del prejuicio.
Es justamente por esa ruptura, por esa denuncia que hace la novela, que Orgullo y Prejuicio resulta una lectura necesaria y por lo que se convirtió en una base importante del romanticismo inglés.

Nuestro modo de vida. Fogwill


Brillante Fogwill, como cada cosa de él con la que me topé. "Mi objeto, si se lo alcanza a detectar en la novela, es el límite entre el adentro y el afuera de la obra como alegoría del límite entre el adentro y el afuera de la vida humana", escribió o dijo alguna vez el autor.

Brillante Fogwill para recorrer esos límites a través de esta pareja "normal" que a mí me revuelve las tripas. Pareja, él predominantemente, tan reconocible en tantas personas que nos rodean.








Fogwill. Nuestro modo de vida. Alfaguara, 2014

Resumen de la editorial:
Novela inédita, perdida y recuperada, Nuestro modo de vida fue escrita en 1981. Fernando, su protagonista, se busca en las cosas como en un espejo, investiga el límite que lo separa del mundo y entrevé — con un temblor inteligente, sensible y sensual— la unánime insustancialidad de los objetos exteriores y del sujeto que está en el centro de su experiencia.
El juicio sumario de la historia tal vez condenaría a la pareja que Fernando forma con Rita como a ejemplares arquetípicos de una burguesía culpable de egoísmo, superficialidad, hipocresía. Pero Fogwill complica magistralmente el proceso al plegar su punto de vista a la conciencia de su personaje y a su indagación de la intimidad: vigilia tan perpleja como sutil, tan ligera como insondable.
Marcados por su situación social e histórica, los caracteres de Rita y Fernando resisten, por debajo de esa superficie espejada, una lectura más universal: su suave prisión de irrealidad, más o menos confortable, más o menos amenazada, es la misma que protege o que oprime al lector.