Los seres queridos. Evelyn Waugh


En este post voy a relatar brevemente la historia de cómo un libro llegó a mis manos y quién me lo regaló.

La edición más viejita (Sudamericana, 1964) fue comprada el 30 de octubre de 1997 por un peso en un canje del centro de la ciudad. Había acompañado a quien consideraba mi maestro en el periodismo y al que, en aquel momento admiraba sin fisuras. Fue él quien me lo regaló.

Un fin de año, seguramente ese, estábamos en una despedida del medio en el que trabajábamos. Se largó una tormenta de película. Como estábamos cerca de su casa, me ofreció dormir allí. Me improvisó una cama en una de las habitaciones de su biblioteca. Una de sus habitaciones de su biblioteca. La biblioteca personal más fabulosa que jamás vi. Dormí rodeada de cuatro paredes de libros del suelo hasta el techo. No me lo olvido.

Después la vida, decisiones propias y ajenas, las corporaciones periodísticas locales, nos fueron distanciando. No tan embelesada, con el paso del tiempo, lo seguí admirando a Quito.

Hará unos siete años hablé por teléfono con él. Me dijo que había estado enfermo, que se había recuperado y vuelto a fumar, que estaba en total desacuerdo con la línea del programa de radio que yo hacía entonces, pero quedamos en hablar de nuevo. No lo hicimos.

Hace poco supe que había muerto, no sé cuándo. Lástima no haber tomado el mate o el café prometido. Me pregunto qué habrá sido de esas habitaciones llenas de libros. Y de esos libros.

(La novela es deliciosa, pero eso acá importa poco)



Evelyn Waugh. Los seres queridos. Anagrama-Página/12, 2013

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