Las gratitudes. Delphine De Vigan


Prepárense para conmoverse, para disfrutar de una historia simplemente bella. Prepárense para llorar si toman la gran decisión de agarrar Las gratitudes o cualquier otro libro de Delphine De Vigan

Cada quien enfrenta la inminencia de la muerte como mejor puede, vive la vejez de sus seres queridos con distinta intensidad, imagina la propia con más o menos miedo. Pero pocas veces, al menos por acá, nos detenemos a mirar atrás para expresar gratitud a quienes nos han acompañado en la vida. De estas cosas habla esta novela y de algunas más.

Es triste: sí. Pero es una tristeza dulce, que creo tiene que ver con la narrativa de Delphine, con su destreza poniendo el foco en las pequeñas cosas de la vida con tanta maestría.

Punto aparte para la traducción de Pablo Martín Sánchez. No debe ser fácil traer desde cualquier idioma la voz de una mujer con afasia con tanto respeto. 











Delphine De Vigan. Las gratitudes. Anagrama, 2021 (2019)

Resumen de la editorial:
«Hoy ha muerto una anciana a la que yo quería. A menudo pensaba: ”Le debo tanto.“ O: ”Sin ella, probablemente ya no estaría aquí.“ Pensaba: ”Es tan importante para mí.“ Importar, deber. ¿Es así como se mide la gratitud? En realidad, ¿fui suficientemente agradecida? ¿Le mostré mi agradecimiento como se merecía? ¿Estuve a su lado cuando me necesitó, le hice compañía, fui constante?», reflexiona Marie, una de las narradoras de este libro. Su voz se alterna con la de Jérôme, que trabaja en un geriátrico y nos cuenta: «Soy logopeda. Trabajo con las palabras y con el silencio. Con lo que no se dice. Trabajo con la vergüenza, con los secretos, con los remordimientos. Trabajo con la ausencia, con los recuerdos que ya no están y con los que resurgen tras un nombre, una imagen, un perfume. Trabajo con el dolor de ayer y con el de hoy. Con las confidencias. Y con el miedo a morir. Forma parte de mi oficio.»
A ambos personajes –Marie y Jérôme– los une su relación con Michka Seld, una anciana cuyos últimos meses de vida nos relatan estas dos voces cruzadas. Marie es su vecina: cuando era niña y su madre se ausentaba, Michka cuidaba de ella. Jérôme es el logopeda que intenta que la anciana, que acaba de ser ingresada en un geriátrico, recupere aunque sea parcialmente el habla, que va perdiendo por culpa de una afasia.
Y ambos personajes se involucrarán en el último deseo de Michka: encontrar al matrimonio que, durante los años de la ocupación alemana, la salvó de morir en un campo de exterminio acogiéndola y ocultándola en su casa. Nunca les dio las gracias y ahora querría mostrarles su gratitud...
Escrita con un estilo contenido, casi austero, esta narración a dos voces nos habla de la memoria, el pasado, el envejecimiento, las palabras, la bondad y la gratitud hacia aquellos que fueron importantes en nuestras vidas. Son las respectivas gratitudes las que unen a los tres inolvidables personajes cuyas historias se entrelazan en esta conmovedora y deslumbrante novela.


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