Siempre hemos vivido en el castillo. Shirley Jackson

 
Largo rato hacía que quería leer esta novela, y la lectura estuvo muy bien.

Tiene una apariencia inocente, casi ingenua. Las hermanas Blackwood viven, como es de esperar, en un castillo. Merricat, la más joven, es una niña grande, salvaje, que observa y conjura. Constance es una mujer dulce, recluida en ese lugar. El tío y Charles son los hombres que lo habitan de manera circunstancial. El resto de la familia murió envenenada tiempo atrás.

La verdad de esas muertes se intuye desde el comienzo, pero no importa. Jackson administra el veneno en dosis pequeñas, lo deja caer de a cucharaditas, y así sostiene una tensión constante, casi hipnótica.

Hay magia y algo de brujería en Merricat, rituales mínimos frente a un mundo exterior hostil, invasivo, que no tolera lo distinto. Ese mundo oprime, y mucho, a estas dos mujeres que Shirley Jackson construye con una delicadeza inquietante y una precisión admirable.

4,5/5🎗

Shirley Jackson. Siempre hemos vivido en el castillo. Minúscula, 2019 (1962)

Sinopsis de la editorial:
«Me llamo Mary Katherine Blackwood. Tengo dieciocho años y vivo con mi hermana Constance. A menudo pienso que con un poco de suerte podría haber sido una mujer lobo, porque mis dedos medio y anular son igual de largos, pero he tenido que contentarme con lo que soy. No me gusta lavarme, ni los perros, ni el ruido. Me gusta mi hermana Constance, y Ricardo Plantagenet, y la Amanita phalloides, la oronja mortal. El resto de mi familia ha muerto.» Con estas palabras se presenta Merricat, la protagonista de Siempre hemos vivido en el castillo, que lleva una vida solitaria en una gran casa apartada del pueblo. Allí pasa las horas recluida con su bella hermana mayor y su anciano tío Julian, que va en silla de ruedas y escribe y reescribe sus memorias. La buena cocina, la jardinería y el gato Jonas concentran la atención de las jóvenes. En el hogar de los Blackwood los días discurrirían apacibles si no fuera porque algo ocurrió, allí mismo, en el comedor, seis años atrás.

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La invitada. Emma Cline


Incomodidad. Sensación de desastre inminente. Esas fueron las constantes de la lectura de esta muy buena novela.

La construcción que hace Emma Cline de Alex es espectacular. Una joven "busca", que se rodea especialmente de hombres que hagan más llevadera su vida, que no tiene escrúpulos en usar a cualquiera para llegar a su objetivo, ya sea conseguir un lugar donde pasar la noche u otros de más largo aliento.

Lo que más me impactó fue cómo esta chica, tan llena de fantasías, de lecturas erróneas de la realidad y de malas decisiones, es capaz sin embargo de interpretar con una lucidez implacable la línea divisoria entre los ricos y los demás: entre ese mundo en el que ella no es más que una invitada ocasional y el resto.

4,5/5🎗















Emma Cline. La invitada. Anagrama, 2024
Sinopsis de la editorial:
Las piscinas de Long Island parecen un buen lugar donde languidecer y poner sordina al mundo exterior, pero Alex ya no es —o nunca ha sido— bienvenida allí. A sus veintidós años, la joven domina el arte de la seducción como nadie, hasta que por un desliz en una cena con los amigos de Simon, su adinerado amante, se queda en la calle, con un billete de vuelta a Nueva York.
Acechada por su pasado y sus dificultades económicas, pero dotada de gran habilidad para guiarse por los deseos de los demás, Alex decide quedarse en Long Island y deambular como un fantasma por ese territorio de opulentas calles y jardines, siempre ajeno e inaccesible. En el centro de esta fascinante novela, escrita con una prosa voluptuosa e hipnótica, hay una mujer impulsada por la desesperación y por un sentido mutable de la moralidad. El escenario es un mundo de lujo y apariencias, de dominio y dependencia, de seguridad e incertidumbres.
Emma Cline, que con su éxito mundial Las chicas se reveló como una de las voces más poderosas de su generación, confirma en esta nueva novela con aires de thriller psicológico su contundente potencia de tiro literaria. En la estela de clásicos como Highsmith y Cheever, La invitada es una exploración, con ojo de cartógrafo, de las dinámicas de poder y autoengaño a las que nos entregamos para sobrevivir.



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